La violencia contra los defensores del ambiente en Honduras se ha convertido en una crisis sostenida que combina asesinatos, amenazas, criminalización y elevados niveles de impunidad, en un contexto donde la protección estatal sigue siendo insuficiente ante los riesgos que enfrentan quienes defienden el territorio y los recursos naturales.
En la última década, organizaciones de derechos humanos y el propio Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) han advertido que Honduras figura entre los países más peligrosos para el activismo ambiental.
La conflictividad se concentra principalmente en zonas como el Bajo Aguán, Yoro, Colón, Comayagua y Atlántida, donde convergen disputas por la tierra, proyectos agroindustriales, minería y tensiones comunitarias.
Entre los casos más emblemáticos figuran el ambientalista y defensor del agua Juan López, asesinado en 2024. Este hecho generó una fuerte condena nacional e internacional y reactivó las alertas sobre la vulnerabilidad de los líderes ambientales en el país.
Su muerte ocurrió a pesar de que, según el CONADEH, existían alertas tempranas que advertían sobre el riesgo que enfrentaba.
Así mismo, se suma el asesinato de la líder ambiental y defensora indígena Berta Cáceres en 2016, considerado el crimen contra ambientalistas más mediático en la historia reciente de Honduras, y que expuso la participación de estructuras organizadas, así como la fragilidad de los mecanismos de protección estatal.
Su caso continúa siendo un referente internacional sobre la violencia contra defensores del ambiente en Centroamérica.
Se han registrado también otros asesinatos de alto impacto, como el del ambientalista Aly Domínguez, en el contexto de conflictos socioambientales en el norte del país, así como múltiples casos de líderes comunitarios en el Bajo Aguán, donde las disputas por la tierra han dejado una larga lista de víctimas vinculadas a la defensa de derechos ambientales y territoriales.
El CONADEH subraya que estos hechos no son aislados, sino parte de un patrón estructural de violencia recurrente en territorios donde existe presión sobre recursos naturales, ausencia de institucionalidad efectiva y respuesta limitada del sistema de justicia.
En este escenario, la comisionada nacional de los derechos humanos, Blanca Izaguirre, urge al Estado a fortalecer los mecanismos de prevención y protección y señala: “Las alertas tempranas emitidas por la institución en varios casos no han sido atendidas con la debida prioridad, lo que ha derivado en desenlaces fatales”.
El organismo también advierte: “La impunidad supera el 90% en los casos de asesinatos contra ambientalistas”, lo que, según el CONADEH, genera un efecto de repetición de la violencia y aumenta el riesgo para quienes continúan defendiendo el ambiente en sus comunidades.
En paralelo, investigaciones recientes del Ministerio Público han logrado algunos avances en casos específicos. Organizaciones sociales sostienen que “estos progresos siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema”.
En los últimos cinco años, Honduras ha registrado aproximadamente 70 ambientalistas asesinados entre 2020 y 2025. Esta cifra, sumada a casos emblemáticos como los de Berta Cáceres, Juan López y otros líderes comunitarios del Bajo Aguán, refleja la persistencia de una grave crisis de violencia contra defensores del ambiente, marcada por altos niveles de impunidad y débiles mecanismos de protección estatal.



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