Vivimos esquivando al estrés como si fuera un virus. Lo combatimos con yoga, mindfulness, podcasts de meditación y promesas de domingo a la noche que duran hasta el lunes a las 9 am. Sin embargo, un experto británico en liderazgo asegura que ese plan de fuga es justamente lo que nos está saliendo mal.
Para Drew Povey, autor y fundador de la consultora Drew Povey Consultancy, el estrés está mal vendido. Bien usado, sostiene, puede convertirse en el empujón que separa a quienes crecen de quienes se aplanan.
“Hemos pasado muchos años hablando de cómo eliminar el estrés y tenemos maneras de evitarlo, reducirlo o intentar escapar de él, pero ¿y si ese es precisamente el problema?”, planteó Povey.
Su argumento principal arranca con una incomodidad: la ausencia de estrés no equivale a calma. Equivale, según el especialista, a estancamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el estrés mal gestionado está detrás de millones de horas de productividad perdidas y de diagnósticos de burnout en todo el mundo, pero al mismo tiempo aclara que cierta dosis de tensión es parte normal del desempeño humano. El problema, dicen desde el organismo, aparece cuando se vuelve crónico o incontrolable.
Povey insiste con un detalle elocuente: muchos de los inventos que hoy se dan por hechos nacieron en contextos de presión extrema. El motor a reacción, los autoinyectores de adrenalina, los bancos de sangre y hasta el formato moderno del supermercado. Todos surgieron como respuestas a problemas urgentes.
“Algunas de las decisiones más acertadas y los mayores avances se producen no a pesar del estrés, sino gracias a él”, afirmó el experto británico.
El consultor pone la lupa sobre cómo el cerebro interpreta la tensión. Desde el punto de vista neuronal, el estrés y la excitación son casi idénticos. Lo que cambia es la lectura mental: si una situación se etiqueta como amenaza, el cuerpo entra en modo defensa; si se lee como desafío, se libera la misma adrenalina pero canalizada hacia la acción.
“Es la intensidad seguida del descanso lo que produce el crecimiento”, resumió Povey, retomando una vez más la metáfora del gimnasio.
La mirada del consultor desafía la idea más difundida de los últimos años, esa que iguala bienestar con ausencia total de tensión. La pregunta, propone, no debería ser cómo eliminar el estrés, sino cómo aprovecharlo. La diferencia entre quien queda paralizado y quien sale fortalecido no está en cuánta presión hay en la vida, sino en qué se hace con ella.

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