¿Ayer Milei, 17 de agosto, hizo una comparación entre su gobierno, sus ideas y el homenaje a San Martín. El puente es la idea de la libertad. San Martín nos legó la libertad, dice Milei en su discurso de diez minutos. Y agrega algo real: la libertad no viene dada y no se sostiene sola, hay que sostenerla.
Acá empieza a jugar políticamente en su discurso. Si no defendés la libertad, viene un gobierno que regula, aparece el proteccionismo, los cepos, se pierde la libertad de comercio. La traducción es que este gobierno viene a liberar de esa vocación del modelo anterior que regulaba, protegía, ponía cepos y nos tenía, decía Milei, en un país inviable. La lógica es perfecta. ¿Es perfecta?
No lo digo yo. El propio ministro de Economía, Toto Caputo, la semana pasada dejó caer una palabra, un verbo, que en otro momento no hubiera dicho. Estaba comunicando que se iban a flexibilizar los créditos en dólares y apareció una palabra impensada. Un reconocimiento:
“Creemos que es una medida que va a ser realmente muy bien recibida por todas las industrias, también por el sistema financiero; que va a generar mayor crédito, una baja en el nivel de tasas, mayor empleo, y que va a ayudar a reactivar la economía”.
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¿Reactivar? Esa palabra hubiera sido imposible en alguien tan importante a cargo de la economía en otro momento. ¿Cómo que no está activada la economía? No hay un consumo general que crece, no hay un PBI, no hay un promedio alto de crecimiento de la Argentina. Por supuesto que hay vastos sectores que sí, pero el gobierno empieza a darse cuenta de que hay sectores con serios problemas.
La pregunta nueva es: ¿estamos seguros de que con este modelo, este rumbo y esta velocidad, la macro derrama a la micro? ¿Empieza a incorporarse esto como preocupación del gobierno?
Miren este fragmento del discurso de Milei de ayer:
“Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor. Así, nuestra misión hoy es también proveer a nuestra ciudadanía de la estabilidad y el crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar. La libertad es un medio, no un fin en sí mismo”.
Te lo está diciendo el propio Presidente. La libertad es un vehículo, un medio para llegar a la prosperidad, para que vos vivas mejor. ¿Y está ocurriendo eso? Partes de la Argentina sí, pero partes muy importantes no.
Techint, la empresa industrial más grande de la República Argentina -entran y salen de sus plantas 8.000 personas por día- mostró un estudio: desde que asumió Milei se perdieron 90 mil empleos industriales registrados privados. Del total del empleo perdido registrado privado, 90 mil pertenecen a la industria. Es decir, el mayor proveedor de desempleados formales registrados hoy es la industria.
El propio informe de Techint reconoce que desde hace diez años hay una pérdida de la formalidad de los puestos de trabajo. Esto viene de largo. Y a pesar de que la propia Cristina dijo, durante el gobierno de Alberto Fernández, pegándole a Guzmán: “Vemos trabajadores formales pobres”. Aquella novedad no está mejorando. Hay trabajadores pobres y hay menos empleo. Ese es un dato fuertísimo.
Si el gobierno propone un cambio de matriz productiva, ¿qué pasa con la transición?
Los economistas que sostienen este informe no están pidiendo devaluación ni protección. Están diciendo: queremos estabilidad, queremos los lineamientos generales, pero ¿qué hay para la industria? ¿Hay una política industrial? ¿Qué se hace con China? ¿Qué se hace con el dumping chino? ¿Qué se hace con los impuestos?
Lo que están diciendo es: si van a abrir, veamos cómo se abre, veamos qué se destruye, veamos qué queda en pie. ¿Hay alguna política para acompañar una transición de matriz productiva A a la B, si la A no va más? ¿Cómo se llega a la B?
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Esas personas que pierden el empleo naturalmente no se reconvierten. No es que un día se meten en la cabina telefónica y salen convertidos en emprendedores. En general, quedan recalculando, con mucha bronca, mucha depresión. Hay un estallido del núcleo familiar cuando alguien pierde el trabajo; hay un proyecto que se trunca. Y si soy egoísta en términos del gobierno, esa persona le vota en contra. Toda esa gente que no tiene una mano para reconvertirse, y a la que el gobierno no le tiene una palabra, le va a votar en contra. Estoy siendo absolutamente bilardista y pragmático.
Como hay vastos sectores que no terminan de arrancar y no se ve cuándo la macro derrama a la micro, se enrarece y se dificultan el clima y los acuerdos políticos.
A esto se agrega que este gobierno, después de la fase de Adorni -donde parecía que iba a haber un alivio-, viene Santilli, más dinámico, para recuperar la iniciativa política. Pero después de ese primer momento, trácate: se empantana con la ley de extranjerización de las tierras. No puede explicarlo, se le caen tres artículos, y lo que parecía un escenario en el Congreso empieza a ser otro escenario en el Congreso. El gobierno no calcula bien, trunca, manca en la pista y no cruza el disco.
Con el plafón de la situación económica que no levanta y con sus bases diciéndole “no arrancamos”, el peronismo dice que tiene una chance. Van a tomar un café a un hotel del centro y hacen dos cosas.
Primero: vamos todos unidos, pero para eso vamos a sostener las PASO, que es la herramienta que nos va a permitir dirimir. Y segundo: con el puntero láser, le apuntan a la frente a Jaldo, a Jalil y al resto de los peronistas del norte que venían flirteando con el gobierno. El mensaje es: mirá cómo están las cosas.
Resultado: en la ley de tierras extranjeras, esos gobernadores que habitualmente colaboraban ya no colaboran. Parte del radicalismo y otra oposición también toman distancia. Dicen: ahora queremos revisar bien qué es lo que vas a votar. Cambian las prioridades y eso que el gobierno quería primero -eliminar o suspender las PASO- ya no está primero en la agenda.
Hay que resincronizar. Esa iniciativa, ese rumbo y esa velocidad que tenía el gobierno en el Congreso ya los empieza a perder, se empieza a empantanar. Ahora van por la reforma de la carta orgánica del Banco Central, a ver si esa la pueden meter.
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Hay una dinámica política que se empantana, producto de una crisis económica que está contaminando a las bases. El peronismo se empieza a agrupar. Otros aliados también. Y otros te empiezan a cobrar cada vez más cara la alianza.
En el medio, un estudio de la Universidad de Buenos Aires dice que, si sacás los polos y los núcleos duros, hay un 42% de la sociedad que no ama ni odia, que son apolíticos, que están desinteresados. No son de centro ideológico. No es que no les gustan los gritos de Milei o los extremos. Están espantados, desilusionados de la política. La emoción que los representa es la desilusión, la tristeza.
Hay estudios que dicen que, como el insumo básico de un gobierno es la esperanza, atención Milei: se le dio vuelta el número. Más del 50% dice “no estoy bien, pero ya no creo que el año que viene con este mismo gobierno esté mejor”. Eso es una diferencia enorme. El activo máximo que un gobierno puede tener es que la gente diga “estoy mal, pero voy a estar mejor”. Eso se está revirtiendo y es un problema para el gobierno.
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Elijo creer que el gobierno empieza a darse cuenta de que los motores de la economía de unos sectores no van a traccionar necesariamente, ni rápido para las elecciones, a los otros sectores que están muy preocupados. A pesar de que son dispares y no tienen un plan enunciado. Ni hablar de la provincia de Buenos Aires, donde hay cordones industriales que están parados.
¿Recordás cuando el kirchnerismo decía “sin Cristina no se puede, con Cristina sola no alcanza”? Este es el momento clave para preguntarse, modificando la oración: sin la macro acomodada no se puede. Pero con la macro acomodada solamente no va a alcanzar. ¿Tiene el gobierno algo para hacer?



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