En la previa del clásico entre Temperley y Los Andes por la fecha 25 de la Primera Nacional, el capitán Adrián Arregui protagonizó un momento que marcó a todo el plantel. En el vestuario del Estadio Alfredo Beranger, el mediocampista reunió a sus compañeros y les habló desde lo más profundo, apelando a la historia del club y a los sentimientos familiares.
El equipo dirigido por Nicolás Domingo terminó ganando el partido 3-0 con goles de Gabriel Hauche, Pedro Souto y Fernando Brandán.
Antes de salir a la cancha, Arregui pidió que el grupo jugara con confianza y corazón, recordando momentos difíciles vividos en el pasado. “No quiero que vayan al palo, quiero que sientan confianza, pero adentro del corazón. La historia de nosotros está por arriba de eso”, expresó el capitán, haciendo referencia a la importancia de trascender el partido y pensar en el objetivo mayor.
El mediocampista recordó una dura derrota sufrida en el mismo estadio: “Cuando la pasamos mal acá, que perdimos 5 a 0, nos fuimos todos mal, mi hijo no quería venir más a la cancha y yo me fui llorando porque me dolió, y me sigue doliendo hasta el puto día de hoy”. Con la voz quebrada, Arregui contó que su hijo estaba presente esa tarde y que iba a salir con el equipo al campo de juego.
“Los 95 minutos se juegan por mamá, por papá, por nuestros hijos. No les damos ni un metro de distancia. Porque si estos hijos de p… nos quieren hacer partido, está mi mamá ahí afuera y está mi hijo y no va a llorar nunca más mi hijo”, remató el capitán, cerrando la arenga con un golpe a un tacho y el grito de todo el plantel.
La motivación de Arregui se trasladó al campo de juego, donde Temperley mostró carácter y se impuso ante su clásico rival en el clásico número 100 de la historia.

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