Santiago Korovsky y Celeste Cid se tomaron unos días en el sur argentino después de un mes y medio separados por el trabajo. Korovsky estuvo instalado en África grabando un nuevo proyecto y el viaje patagónico fue el reencuentro. Él subió el carrete a sus redes; ella sumó sus propias historias con algunas de las mismas imágenes y las acompañó con texto propio.
El registro mezcló interiores y exteriores, blanco y negro y color, momentos solos y en pareja. La cabaña donde se alojaron tuvo una decoración de época que se convirtió en protagonista involuntaria de varias tomas: paredes empapeladas con motivos clásicos en azul y blanco, una biblioteca con cuadros pequeños en marcos dorados, sillones de cuero oscuro y cortinas pesadas que filtraron la luz del sur. El lugar tuvo personalidad propia y las fotos lo dejaron ver con claridad.
Una de las tomas más cuidadas los mostró adentro: ella recostada en el sillón de cuero, él de pie en el vano de la ventana con el paisaje gris de la Patagonia detrás. Blanco y negro, luz natural que entró desde afuera, sin pose evidente. La composición tuvo algo de retrato clásico, con los dos en planos distintos pero dentro del mismo encuadre. Otra imagen desde el mismo rincón los captó en un momento más distendido: ella lo miró hacia arriba con una sonrisa, él se inclinó desde el borde de la ventana hacia ella, los dos en el mismo gesto cómplice.
Afuera, el invierno patagónico marcó el tono de las fotos. Korovsky apareció solo en un sendero entre arbustos secos y nieve, con una mochila al hombro y el cielo azul de fondo. En otra toma estuvo parado sobre piedras en medio de un arroyo, en una imagen con tratamiento de color que viró hacia los violetas y azules profundos, con un resultado que se alejó del registro documental y se acercó más a algo deliberadamente artístico. Cid también tuvo su foto individual: tapado largo color camel con capucha, botas negras, nieve hasta los tobillos y una franja de vegetación verde detrás. Miró directo a cámara con una expresión serena.
La imagen que los reunió afuera fue la más afectuosa del carrete. En blanco y negro, con un lago y árboles pelados de fondo y restos de nieve en el suelo, él la abrazó por la espalda y le apoyó un beso en la sien. Ella tuvo los ojos entrecerrados y miró hacia adelante. La foto no necesitó texto ni epígrafe para decir lo que decía.
Cid eligió dos imágenes para sus propias historias. En la primera republicó la toma del interior —ella en el sillón, él en la ventana— y la acompañó con el texto: “Fotos de tus padres cuando eran jóvenes”, con las etiquetas de ambos. La frase, con tono de broma generacional, resumió con precisión la estética del carrete: la luz, la cabaña, la ropa, la composición. En la segunda historia eligió la foto del abrazo con nieve de fondo y escribió: “Mi paisaje favorito”, con la mención a Korovsky.
Durante los más de dos meses que estuvo gran parte dle tiempo en Kenia, el actor de División Palermo mantuvo activas sus redes con registros de su día a día en el continente africano. El proyecto en el que trabajó no tiene detalles públicos aún, pero las imágenes que compartió dieron algunas pistas sobre cómo fueron esas semanas: fotos de safaris en las que los animales ocuparon el centro de los encuadres, instantáneas con el equipo de trabajo y momentos de distensión una vez que las jornadas laborales llegaban a su fin del otro lado del mundo.







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