Durante las últimas tres décadas, la salud argentina experimentó una transformación tecnológica sin precedentes. Hospitales y clínicas incorporaron tomógrafos, resonadores, monitores y computadoras, acompañados por otro cambio de mayor alcance: estudios digitalizados, historias clínicas electrónicas, recetas digitales, plataformas de gestión y servicios de atención a distancia comenzaron a formar una infraestructura que hoy permite registrar, consultar y compartir información entre centros médicos y profesionales, sin importar la distancia.
Esa evolución modificó el trabajo cotidiano de médicos y otros profesionales, y también la experiencia de los pacientes.
Por esos motivos, la próxima etapa de evolución en este sector de la salud en el país dependerá de la capacidad de convertir los datos, que ya están a disposición, en información útil para cada consulta.
El desafío abarca desde la conexión entre sistemas hasta el uso responsable de la inteligencia artificial, con los profesionales y los pacientes como protagonistas de un proceso que excede la compra de nuevos equipos.
En diálogo con TN Tecno, Tomás Piqueras, CEO de CSH, y Adrián Tozzi, especialista en inteligencia artificial y nanotecnología aplicada a la salud, analizaron qué cambió, cuáles son las condiciones necesarias para sostener la digitalización y por qué el avance técnico debe preservar la dimensión humana del cuidado.
Para dar contexto, Piqueras explicó que la renovación del sector comenzó con equipos de diagnóstico por imágenes, ultrasonido y monitoreo, acompañados por computadoras destinadas a agilizar las tareas administrativas. Con el tiempo, esos recursos pasaron a integrarse y a compartir datos clínicos entre distintas áreas. “Hace 30 años la tecnología era principalmente equipamiento. Hoy es información, integración y capacidad de gestión clínica”, resumió.
Y agregó: “El valor de una herramienta ya no queda definido únicamente por lo que puede hacer de manera individual, dado que también importa su capacidad de generar datos, comunicarse con otros sistemas y aportar información al profesional que debe tomar una decisión”.
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Tozzi describe el mismo recorrido: “Veo que la tecnología pasó de ser un recurso de apoyo a convertirse en una parte fundamental del sistema de salud argentino, que hoy se encuentra avanzando hacia innovaciones como la inteligencia artificial, la medicina personalizada y el análisis de datos para ayudar a mejorar la atención y la toma de decisiones en este ámbito”.
La evolución tuvo ritmos diferentes dentro de un sistema compuesto por el sector público, el privado y la seguridad social. En ese escenario surgieron iniciativas destinadas a favorecer el intercambio seguro de la información, entre ellas la Estrategia Nacional de Salud Digital y la Red Nacional de Salud Digital. El objetivo de la interoperabilidad es que los datos necesarios para la atención puedan ser consultados entre instituciones y jurisdicciones, siempre con los resguardos correspondientes.
La conectividad adquiere sentido cuando la información llega al profesional adecuado en el momento en que la necesita. Una historia clínica accesible, un resultado de laboratorio incorporado al sistema o un estudio disponible desde otra institución pueden reducir demoras y ofrecer una mirada más completa sobre el paciente.
“Los médicos se ven beneficiados al estar más conectados y poder mejorar la atención de los pacientes. Es decir, los profesionales, al tener acceso rápido a la historia clínica, estudios, medicamentos y resultados de laboratorio, los ayuda a realizar diagnósticos más precisos y tomar mejores decisiones con la celeridad que el tiempo real permite brindar. Y también se ve en la continuidad de la consulta, ya que el paciente no tiene que comenzar de cero cada vez que cambia de médico o de institución. Además, se pueden evitar estudios o tratamientos repetidos y errores que pueden ocurrir cuando la información no está disponible”, aclaró Tozzi.
Para Piqueras, el impacto también alcanza a las dos partes de la consulta. Los profesionales reciben herramientas para detectar patologías en etapas más tempranas y sostener decisiones con mayor cantidad de información. Los pacientes, a su vez, acceden a estudios menos invasivos, procesos más seguros y más cortos. En el plano institucional, la integración puede ayudar a ordenar recursos y reducir tareas operativas.
La conexión también crea una responsabilidad adicional. Los datos médicos son información sensible y su circulación exige mecanismos de seguridad, permisos adecuados y registros confiables. Tozzi subrayó que es importante que el intercambio de información se realice de manera segura, protegiendo la privacidad de los pacientes y no menor importante, la calidad de los datos. Una plataforma conectada ofrece pocas ventajas si trabaja con información incompleta, desactualizada o incorrecta.
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La inteligencia artificial aparece como la siguiente capa de este ecosistema. En la salud argentina, su aporte estará condicionado por la calidad de los datos disponibles, la integración de los sistemas y la capacidad de las instituciones para incorporarla dentro de procesos clínicos definidos.
Tozzi proyecta aplicaciones en varias instancias de la atención. “La IA tendrá un rol muy importante en el futuro de la salud en el país. Podrá colaborar en la detección temprana de enfermedades, analizar grandes cantidades de datos y ayudar a mejorar los diagnósticos y los tratamientos”.
El especialista también ubica su potencial en la personalización y en la automatización de tareas repetitivas. “Permitirá adaptar tratamientos a las necesidades de cada paciente, realizar tareas repetitivas de forma automática y disminuir la carga de trabajo de los profesionales de la salud. También podrá mejorar la atención a distancia y el control de los pacientes, facilitando el acceso a los servicios médicos, especialmente en zonas rurales o con menos recursos”. Su proyección incluye la investigación farmacológica, la vigilancia de brotes y la combinación de la IA con la nanotecnología.
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Tozzi también delimitó el papel que deberían ocupar estos sistemas: “La inteligencia artificial debe funcionar como una herramienta de ayuda y no sustituir a los profesionales de la salud. Los médicos seguirán siendo esenciales para tomar decisiones, analizar cada situación y acompañar a los pacientes. Por este motivo, su utilización deberá hacerse de forma responsable, protegiendo siempre la privacidad y seguridad de los datos”.
Estas posibilidades describen un horizonte de aplicación y requieren una distinción entre la capacidad técnica y su adopción efectiva. Un algoritmo puede detectar relaciones en un conjunto de datos, mientras que su uso clínico demanda validación, supervisión profesional, protección de la privacidad y reglas claras sobre responsabilidades. También necesita información representativa y de buena calidad para evitar resultados incompletos o sesgados.
Piqueras coloca ese equilibrio entre los retos centrales de los próximos años. “El principal desafío será aprovechar tecnologías como la IA, interoperabilidad y análisis de datos sin perder el foco en las personas y en la calidad de atención”. Desde esa perspectiva, la innovación adquiere valor cuando resuelve una necesidad concreta del equipo de salud y produce una mejora comprobable para el paciente.
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La incorporación de inteligencia artificial modifica tareas y ofrece nuevas herramientas de análisis. La decisión clínica, la comunicación de un diagnóstico y el acompañamiento de una persona continúan bajo responsabilidad humana. Esa separación resulta esencial para evitar que la eficiencia técnica sea utilizada como medida única de la calidad de atención.
Tozzi definió el criterio que debería guiar la adopción: “Se puede avanzar siempre y cuando se utilice como una herramienta para ayudar a los profesionales, utilizarlo como complemento, no como reemplazo”. Luego agregó que la digitalización puede hacer que la atención sea más rápida y eficiente y que no puede sustituir las habilidades blandas, como la empatía, la escucha, la comunicación y el acompañamiento que brindan los profesionales de la salud.
La capacitación ocupa un lugar central en ese proceso, dado que usar una herramienta implica comprender sus alcances y reconocer sus límites. “Considero de suma importancia, además de como una oportunidad, que se pueda brindar entrenamiento a los profesionales y que puedan utilizar correctamente las nuevas herramientas y adaptarse a los cambios, dando foco a los procesos de negocio, valor agregado, atención al cliente, impulsando la motivación del trabajador profesional en otros ámbitos más cercanos a lo humano”, expresó Tozzi.
Piqueras coincide en que la capacitación dejó de ocupar un lugar complementario. La precisión y la complejidad de los equipos elevaron la necesidad de formación continua, tanto para aprovechar sus funciones como para integrarlos de manera segura a la práctica diaria. Según su análisis, las instituciones demandan proyectos que incluyan asesoramiento, conectividad, soporte técnico y acompañamiento a lo largo del tiempo.
La formación, entonces, debe abarcar tanto el funcionamiento técnico como la integración de la tecnología en la relación con el paciente. Un sistema que automatiza una tarea administrativa puede liberar tiempo para la consulta. Una plataforma mal incorporada puede generar cargas duplicadas, interrupciones y una mayor distancia entre el profesional y la persona que tiene enfrente.
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El factor humano también interviene en la evaluación de cada incorporación. Hospitales y clínicas necesitan comprobar si la tecnología mejora la atención, reduce errores o agiliza un proceso concreto. Esa revisión continua permite ajustar su uso, actualizar protocolos y detectar necesidades de capacitación antes de que una solución se transforme en una nueva fuente de dificultades.
“La digitalización debe tener como objetivo mejorar la atención sin deshumanizarla”, afirmó Tozzi. Para el especialista, el resultado dependerá de utilizarla de manera responsable para ampliar las capacidades humanas de los profesionales y mantener al paciente en el centro de la atención, siendo pieza fundamental e integral poder verlo como un todo bajo un amplio abanico de aspectos que van más allá de la patología o enfermedad en cuestión.
El futuro descrito por Piqueras y Tozzi está atravesado por la colaboración. La transformación, por lo tanto, se medirá en la práctica cotidiana: un antecedente que aparece a tiempo, un estudio que evita repetirse, una alerta que el médico puede revisar o una tarea administrativa que deja más espacio para escuchar. Allí se definirá si la digitalización logra convertirse en una mejora concreta para los pacientes y para quienes los atienden.



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