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Su papá le sacaba los piojos y murió cuando ella tenía ocho años: ahora convirtió ese recuerdo en un emprendimiento

Damaris tiene 32 años, vive en Cipolletti con su pareja y sus dos hijos y hace apenas dos semanas comenzó a ofrecer un particular servicio: les saca piojos y liendres a chicos. La idea nació mientras cuidaba a sus sobrinos, se difundió en redes y ya consiguió sus primeros clientes.

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Hay recuerdos de la infancia que quedan asociados para siempre a una persona. Para Damaris, uno de ellos es el peine fino. Cuando tenía ocho años, su papá se sentaba con ella y le sacaba los piojos. Poco después murió y esa tarea quedó en manos de una tía, que la ayudó en un momento especialmente difícil para la familia.

Aquel recuerdo volvió muchos años después, aunque de una manera inesperada. Damaris, que hoy tiene 32 años, vive en Cipolletti junto a su pareja, Nicolás, y sus dos hijos, uno de tres años y medio y un bebé de cuatro meses. Desde hace varios años no tiene un trabajo formal y se dedica principalmente a la crianza. Para generar ingresos hace distintas changas: pinta mates, cuadros y realiza trabajos de pirograbado.

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“Ahora estoy con mis hijos. Más que nada me dedico a ellos. Hace varios años que no estoy trabajando así en fijo”, cuenta en diálogo con TN. Su último trabajo formal fue como niñera. También probó con atención al público, pero no se sentía cómoda. “Soy medio introvertida, entonces como que me estresaba un poco. Con los nenes me siento más cómoda”, explica.

La idea apareció mientras cuidaba a los hijos de su cuñado. Los chicos se rascaban y Damaris decidió revisarles el pelo. Ella ya tenía experiencia: su hijo mayor había tenido piojos el año anterior, después de contagiarse al jugar con sus primos.

“Le dije a mi cuñada: ‘¿Y si lo hago negocio?’. Quedó como en el chiste y después dije: no, puede ser, puede funcionar”, recuerda. Publicó la propuesta en redes y la respuesta fue inmediata. “Ni bien subí empezaron a compartir, a comentar, todo. Al otro día me escribió una chica del diario. Y después del diario me empezaron a escribir más también. Me preguntan precio y todo”, cuenta.

Ahora cobra $20.000 por pelo corto y $25.000 por pelo largo si debe trasladarse a domicilio. En su casa, los valores son de $10.000 y $15.000. También ofrece promociones para grupos de hermanos.

La propuesta también generó algunas críticas hacia los padres que recurren a este tipo de servicio. Damaris, sin embargo, cree que muchas veces no se trata de falta de voluntad sino de falta de tiempo o de energía.

“Hay mucho tabú con eso”, dice. Y recuerda el caso de una amiga que estaba atravesando el posparto cuando su hija se contagió. “La mamá estaba con su hija y su bebé y no tenía energía para pasarle. Y aparte tenía que convencerla. Así que le dije que se lo pasaba yo, que no tenía problema de hacerlo”, relata.

Por eso rechaza que la responsabilidad recaiga exclusivamente sobre las madres: “No era solamente tarea de las madres, porque los padres también pueden hacerlo y a veces no pueden por estrés, porque están cansados, porque trabajan mucho y se les complica”. Para Damaris, además, hay una historia personal detrás de esa forma de ayudar. “Cuando yo tenía ocho años, mi papá falleció y él me pasaba el peine de los piojos”, cuenta.

Después de su muerte, una tía tomó ese lugar y la ayudó a atravesar aquella etapa. Décadas después, sin haberlo planeado, Damaris convirtió aquella experiencia de su infancia en una oportunidad laboral. Ahora piensa incluso en sumar nuevos servicios vinculados al cuidado de chicos, como el corte de uñas. “Tal vez hacer un curso de pedicuría o algo así, o de manicuría para cortar las uñas”, imagina.

Hace apenas dos semanas que empezó. Todavía no sabe hasta dónde puede llegar, pero ya encontró una actividad que le permite generar ingresos sin alejarse de sus hijos y que, además, tiene una historia mucho más profunda de lo que parece detrás de un simple peine fino.

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