A poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires hay un pequeño pueblo donde las calles de tierra, las casas bajas y las antiguas construcciones todavía forman parte del paisaje cotidiano. Durante décadas, su vida estuvo vinculada al ferrocarril, pero con el paso del tiempo encontró una nueva forma de atraer visitantes: la gastronomía y el turismo rural.
Se trata de Azcuénaga, una localidad del partido de San Andrés de Giles que tiene 312 habitantes, según los datos del Censo 2022 citados para la localidad, y que se encuentra a 117 kilómetros del Área Metropolitana de Buenos Aires.
El pueblo surgió alrededor de la llegada del ferrocarril en 1880 y todavía conserva buena parte de aquella identidad. La antigua estación, las casonas centenarias, los almacenes, las fondas y las calles de tierra son algunos de los elementos que explican por qué Azcuénaga se convirtió en una de las escapadas rurales de la provincia de Buenos Aires.
La historia de Azcuénaga está directamente relacionada con el tren. La localidad fue fundada el 1° de abril de 1880, cuando quedó habilitada la estación del ramal ferroviario que comunicaba Luján con Pergamino. El pueblo tomó su nombre del brigadier general Miguel de Azcuénaga, integrante de la Primera Junta de Gobierno de 1810.
La estación fue el punto de partida para el crecimiento de la localidad y durante las décadas siguientes llegaron inmigrantes de distintos países, que dejaron su influencia en las costumbres, la arquitectura y la gastronomía del lugar.
Aunque el tren ya no tiene el protagonismo de otras épocas, la estación continúa siendo uno de los principales puntos de interés para quienes llegan al pueblo.
La propuesta turística actual busca justamente poner en valor esa historia. La Provincia de Buenos Aires define a Azcuénaga como una localidad rural que combina naturaleza, historia y turismo comunitario, y destaca entre sus atractivos la estación ferroviaria, las antiguas casonas, las fondas y los almacenes de ramos generales.
Uno de los principales atractivos de Azcuénaga es recorrerlo sin apuro. El paisaje conserva características de los antiguos pueblos rurales bonaerenses: calles de tierra, árboles, casas bajas y construcciones que sobrevivieron al paso del tiempo.
Entre los lugares que forman parte del circuito turístico aparecen la antigua Casa Terrén, el almacén de ramos generales Casa Terrén y Cía., la antigua fonda Sforzini, la panadería La Moderna, la sastrería La Porteña, el Club Recreativo Apolo y la plaza Miguel Azcuénaga.
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También se puede conocer el mural de adobe, recorrer las inmediaciones de la antigua estación y acercarse a la capilla, además de observar algunas de las construcciones que mantienen la arquitectura característica de la localidad.
La propuesta de turismo de base comunitaria es uno de los aspectos que distinguen al pueblo. La idea es que la visita no se limite a sacar fotos, sino que permita conocer parte del patrimonio y de las actividades que todavía forman parte de la vida local.


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