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Es profesor, guarda cada dibujo que le regalan sus alumnos como un tesoro y tiene una razón muy especial

Nicolás Cotela trabaja con chicos de distintas edades desde hace casi 11 años y también se desempeña como nutricionista. Conserva las muestras de afecto que recibe en las aulas y asegura que no hay mayor recompensa que cruzarse con quienes alguna vez fueron sus estudiantes.

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Para un profesor, ser docente no termina cuando suena el timbre. El trabajo continúa en el acompañamiento, la escucha y el vínculo que construye con sus alumnos. A veces, esa relación queda plasmada en un gesto tan simple como un dibujo hecho a mano, un regalo o un saludo inesperado.

Nicolás Cotela tiene 33 años, es nutricionista y profesor de Educación Física y desde hace 11 años construye su carrera entre escuelas, consultorios y gimnasios. Da clases en distintos niveles y lo que más disfruta de su trabajo es acompañar a los alumnos en su crecimiento.

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Cada dibujo que recibe de sus alumnos ocupa un lugar especial. Nicolás los guarda como recuerdos de las personas y los momentos que marcaron su paso por las aulas. La primera vez que un estudiante le regaló uno fue inesperada, pero el gesto lo marcó. Desde entonces, comenzó a conservar esos trabajos: “Que un chico se tome el tiempo de pensar en uno y dedique su esfuerzo a hacer algo para regalártelo me generó una alegría enorme”, contó en una entrevista con TN.

Nicolás tuvo contacto con su vocación desde chico porque ayudaba a sus compañeros de clase: “Empecé en la secundaria, ayudaba a mis compañeros a preparar materias. También crecí en un hogar donde la docencia era parte del día a día gracias a mi mamá. Cuando descubrí mi entusiasmo por la actividad física, supe que quería fusionar ambos caminos”.

Así fue como se convirtió en nutricionista y profesor de Educación Física. La elección no estuvo relacionada únicamente con su interés por el ejercicio, sino también con el vínculo que encontró con los chicos y adolescentes. “Trabajar con chicos y adolescentes me resulta muy divertido, me motiva muchísimo su energía”, contó.

Con los años, la tarea en las escuelas también le permitió atravesar situaciones que fueron más allá de una clase. En particular, recuerda los momentos en los que pudo acompañar a estudiantes que necesitaban ser escuchados. “Pude ayudar a chicos vulnerables desde mi posición como profesor; no solo ser docente frente a la clase, sino también tener un oído para quienes no tienen quién los escuche”, explicó.

Su experiencia como docente lo llevó a notar el bienestar de los chicos a partir del juego: “Cuando los ves jugar, te das cuenta enseguida del estado de ánimo de cada chico, porque son muy transparentes. Ver a un chico que empezó la clase triste por alguna situación familiar o preocupación y verlo terminar contento después de haber jugado con sus amigos es una satisfacción enorme”.

El primer dibujo que recibió de un alumno fue un momento que Nicolás todavía recuerda. No esperaba que un estudiante se tomara el tiempo de hacer algo para él y entregárselo como muestra de afecto. “Fue totalmente inesperado que un chico se tome el tiempo de pensar en uno y dedique su esfuerzo a hacer algo para regalártelo; me generó una alegría enorme. Un verdadero tesoro”, recordó.

El docente guarda todos los dibujos que le regalan porque, como asegura, para él no es solo un papel, sino una memoria: “Conservo el recuerdo de algo entregado con tanto afecto; es una linda forma de recordar distintos momentos, grupos y alumnos que pasaron por mis clases”.

Además de dibujos, a lo largo de los años recibió todo tipo de regalos: ropa, golosinas, mates, útiles escolares y plantas. Sin embargo, para Nicolás, el regalo más grande es que sus alumnos lo recuerden: “Que pasen los años y que los chicos que ya no son tus alumnos se acerquen especialmente a saludarte o te griten desde la vereda de enfrente, es la mejor recompensa”.

Aunque también trabaja en el consultorio como nutricionista, se complementa muy bien con la docencia, ya que la educación física también está vinculada a la salud y al bienestar. Por eso su vínculo diario con los chicos y su evolución lo mantienen firme: “Formar parte de su crecimiento y buscar un impacto positivo en ellos es mi mayor recompensa. Yo planifico seguir en la enseñanza hasta el día que me jubile”.

Los alumnos, al final del día, son el eje del trabajo y dedicación de Nicolás: “Mis alumnos son mi razón de ser, son chicos muy respetuosos, inteligentes y con una energía increíble. Te llenan el día con una sonrisa; verlos crecer y recibir ese cariño sincero es lo que me motiva a dar lo mejor en cada clase. Ellos son los que me enseñan a mí también”.

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