Buena parte de la conversación sobre la sustentabilidad de los envases terminó durante mucho tiempo en el mismo lugar: el tacho de reciclaje. La pregunta era qué hacer con el packaging una vez utilizado el producto. Ahora, una nueva generación de iniciativas pone el foco en el inicio del problema: cómo evitar que llegue a convertirse en residuo.
La transformación alcanza tanto a grandes compañías de consumo masivo como a pequeñas empresas que construyeron su negocio alrededor de la recarga.
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Aparecen cada vez más productos que se venden con repuestos, fórmulas concentradas que necesitan menos plástico, materiales reciclados o de origen renovable (hay plástico “verde”, hecho a partir de caña de azúcar, por ejemplo) y soluciones que directamente reemplazan al packaging descartable tradicional.
Los números muestran que no son experiencias aisladas. L’Oréal, por ejemplo, multiplicó por 17 su oferta de productos recargables en la Argentina desde 2020 y ya 10 de sus 16 marcas cuentan con esa modalidad.
Refill Lab, una empresa argentina que tiene la recarga como modelo de negocio, proyecta crecer al menos 50% durante este año. La compañía, que además se expandió a través de franquicias, incorporó recargas para productos que hasta hace pocos años parecían alejados de esta lógica, como fragancias para el hogar, velas y perfumes.
Una de las formas más directas de reducir residuos es conservar el envase original y reemplazar aquello que contiene.
Natura comenzó a ofrecer repuestos en 1983 y en la actualidad cuenta con más de 100 productos de su portafolio con esta alternativa, en categorías que incluyen cuerpo, perfumería, maquillaje, cabello y rostro. Estos formatos permiten evitar el descarte de residuos que equivalen a lo generado a diario por casi 4 millones de personas.
“Para que sea un proyecto viable para nosotros, cada innovación o lanzamiento debe generar menor impacto que su producto predecesor”, explicó Paola Nimo, gerenta de Sustentabilidad de Natura Mercado Sur.
L’Oréal recorre un camino similar. La compañía se propuso que el 100% de sus envases sean rellenables, reciclables o compostables para 2030.
La empresa asegura que sus sistemas de recarga permiten utilizar hasta un 75% menos de plástico en algunos champús. En el caso de las fragancias, la reducción llega al 67% en el uso de vidrio y al 75% en el de metal.
Refill Lab nació alrededor de esta nueva lógica de consumo y en los últimos años amplió su catálogo con recargas de un litro para jabón líquido, difusores y fragancias para el hogar. También incorporó velas en perlas, que pueden utilizarse como recarga en cualquier recipiente, y prepara el relanzamiento de su línea capilar.
La evolución de su facturación en la Argentina es uno de los indicadores más contundentes del fenómeno: pasó de $300 millones en 2024 a casi $900 millones en 2025.
No todos los envases pueden ser rellenados. Ese es otro de los cambios de enfoque: el objetivo ya no es necesariamente que todos sean retornables, sino que estén diseñados para generar el menor impacto posible a lo largo de su ciclo de vida.
Un ejemplo en ese sentido es Nespresso. Sus cápsulas están compuestas en un 80% por aluminio reciclado y son 100% reciclables. La compañía cuenta además con un programa de recuperación que permite separar el café del aluminio una vez recolectadas las cápsulas.
El café se utiliza como insumo para producir compost agroecológico, mientras que el aluminio vuelve a convertirse en materia prima para nuevos objetos.
“La sustentabilidad es una forma de gestionar el negocio. Atraviesa toda la cadena de valor: comienza en el origen del café, continúa en la producción, el packaging, la logística y llega hasta los programas de reciclaje y la certificación como Empresa B”, señaló María Eugenia Ybarra, Customer Care & Services Manager en Nespresso Argentina.
En alianza con Natura, la empresa dio un paso más. Los envases de la línea cosmética Ekos Castaña, fabricados en Brasil, utilizan hoy 100% de aluminio reciclado, del cual un 10% proviene de cápsulas Nespresso recuperadas. La iniciativa permite reutilizar más de dos toneladas de cápsulas al año.
Arcor, por su parte, informó que el 95% de sus envases ya está alineado con atributos de circularidad —reciclables, reutilizables, compostables o biodegradables—, eliminó el PVC y utiliza papel y cartón provenientes de fuentes sustentables.
Hay, sin embargo, una dificultad que obliga a ampliar todavía más la mirada. No todos los envases pueden reutilizarse.
Un televisor, un monitor, una notebook o un electrodoméstico necesitan protección durante el transporte, pero no existe un circuito sencillo para que cada consumidor devuelva el packaging al fabricante. En esos casos, la solución no puede ser simplemente “reutilizar”.
Pulpak, empresa argentina dedicada a la fabricación de packaging en pulpa moldeada, trabaja sobre ese problema. Su propuesta reemplaza las protecciones tradicionales de poliestireno expandido —el conocido telgopor— por piezas fabricadas con papel y cartón 100% reciclado.
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“Para industrias donde la reutilización del envase por parte del cliente final es inviable, el mejor packaging no es el plástico que dura siglos en la basura, sino aquel que se fabrica a partir de residuos, protege con la máxima ingeniería y vuelve a la naturaleza de manera inocua en meses”, sostuvo Matías Fausto Morón, gerente comercial de Pulpak.
La empresa desarrolló protecciones para televisores de gran formato, electrodomésticos y productos electrónicos, además de soluciones para que la industria vitivinícola transporte botellas. Las piezas pueden reciclarse junto con el papel en los hogares y, según la compañía, se degradan naturalmente en menos de 12 meses sin generar microplásticos. Además, al ser encastrables, ocupan menos espacio que el telgopor durante el transporte y facilitan su gestión como residuo.
Pero tal vez lo más sorprendente de esta transformación ocurre en los materiales. Natura, por ejemplo, utiliza plástico verde producido a partir de caña de azúcar y trabaja con vidrio reciclado: su línea Kaiak incorpora hasta 30% de este material y hasta 50% de plástico recuperado de las costas brasileñas. Solo esa línea permite reciclar más de 156 toneladas de plástico por año.
Usar el mismo envase muchas veces, reemplazarlo por un repuesto, reducir la cantidad de material, utilizar residuos como materia prima o diseñar el packaging para que pueda volver a otra cadena productiva son la nueva forma de resolver un poco más temprano el problema de la basura.





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