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El compañero egocéntrico y 4 estrategias que realmente funcionan

Interrupciones constantes, acaparamiento de crédito, todo gira alrededor de su versión de los hechos. El egocentrismo laboral no es un capricho: sabotea desde adentro y hay formas concretas de frenarlo.

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Nadie escapa. En cada oficina, escuela o equipo hay alguien que acapara charlas, necesita tener razón siempre, reclama todo el mérito de logros colectivos. El egocentrismo no es un capricho pasajero: sus consecuencias son tangibles y destructivas.

“Grandes egos son la raíz de muchos problemas en el trabajo que van desde una mala comunicación, deficiente toma de decisiones, desmotivación del equipo, hasta bloqueo de la innovación, pérdida de personas talentosas y generación de un mal ambiente de trabajo”, explica Iris Reyna Sánchez Aizcorbe, especialista peruana en Gestión Corporativa.

Lo peligroso es que no siempre se ve venir. Muchas personas egocéntricas resultan amables, al menos mientras los demás las validen. La cortesía dura solo mientras alguien sea útil o represente poder. Después desaparece.

Levi King, empresario estadounidense y CEO de Nav.com, comparte su propia experiencia: “Que te sorprendan difamándote en una conferencia de trabajo no fue nada agradable, pero las consecuencias reales resultaron ser mucho más graves”. Con frecuencia, el daño lleva tiempo en revelarse. Equipos enteros pierden talento, innovación se paraliza, la gente se cansa de no ser escuchada.

Estas son las conductas clásicas del egocéntrico corporativo:

“Las personas egocéntricas suelen dominar las conversaciones. Los debates tienden a girar en torno a sus vidas, logros y problemas”, señala Aimee Daramus, psicóloga licenciada estadounidense.

Es como si el universo girara alrededor de una sola persona. Todo lo que escuchan pasa por el filtro de su propia experiencia. Si le contas un problema en el trabajo, en lugar de escucharte, pensará inmediatamente en una situación similar que vivió. Hablará de su propia experiencia y desviará la conversación hacia sí mismo.

Aquí viene lo importante: “La mayoría probablemente no se dan cuenta de que lo están haciendo ni de cómo afecta a los demás”, plantea Yolanda Renteria, psicóloga clínica estadounidense.

Esa inconsciencia es una grieta por donde entra el cambio. No se trata de malicia deliberada. A menudo el egocentrismo viene de raíces profundas: educación que priorizó solo su valor, rechazo en la infancia, trauma que le enseñó a no depender de nadie, o simplemente cómo su cerebro procesa el mundo.

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Sebastián Girona, psicólogo español experto en relaciones, lo sintetiza así: “Dentro de una persona autorreferencial hay un patrón neurológico que acompaña toda la vida. Se puede trabajar para disminuirlo, pero va a permanecer”.

Traducción: no se trata de arreglarlo completamente. Se trata de contenerlo.

Sin rodeos: estas tácticas dan resultado si la persona tiene mínima disposición.

Si eres quien está siendo afectado:

El egocentrismo laboral no es un puzzle que debas resolver juntos. Es una realidad de convivencia con alguien cuyo cerebro funciona en piloto automático: siempre centrado en sí mismo. Vos no sos responsable de eso. Pero sí de protegerte mientras compartes espacio con él.

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