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POLÍTICA / TN

Kicillof se rebela contra Cristina y Milei enfrenta el desafío de no volver a apostar todo a la motosierra

El Presupuesto abrió un frente de conflicto para la Casa Rosada, mientras el gobernador bonaerense busca construir un espacio propio dentro del peronismo y romper con la conducción de San José 1111.

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¿Por qué llamamos a esto “tiros en el pie”? Porque corre el reloj. Porque el tiempo pasa. Y porque encuestas de todo tipo dicen que el gobierno, que a principios de año ganaba de taquito sin necesidad de un ballotage, ahora iría a un ballotage. Es más, esas mismas encuestas dicen que eventualmente tampoco está asegurado.

Ya sé, me dirás vos, falta un montón. Falta un año para las elecciones.

Voy a darte en perspectiva la línea de tiempo para contarte por qué no le convienen al gobierno los tiros en el pie. Lleva Milei recorrido un 70 por ciento de su mandato. Le queda un tercio, el 30 por ciento. ¿Cuántos meses son hasta diciembre? Catorce meses. Dos meses antes son las elecciones. O sea, un año y algunos días.

Pensá esto. La gente toma la decisión de lo que va a hacer en la urna los últimos cuatro, tres, dos meses. El ambiente, la atmósfera que vos querés generar en la sociedad antes de ir a votar, se construye cuatro o cinco meses antes. Así la gente consolida una decisión, va y vota.

¿Cuál es la moraleja con esta línea de tiempo? Que no queda infinito. Y que el gobierno tiene que saber que hay algo que no puede hacer: tirarse tiros en el pie.

¿Y por qué lo digo? Claramente por lo que está pasando con el nuevo Presupuesto que están intentando presentar y que ya generó una polémica tremenda.

Primero fue Patricia Bullrich que, como una especie de alarma -o como dice Lucas Romero, el disyuntor que hace saltar el sistema-, avisó: ojo, que esto así a mí no, me toman por tonta. No es lo que hablamos en la mesa política.

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Síntoma número 2. Ayer renuncia el secretario nacional de Discapacidad. Alejandro Vilches afuera. Aduce, por supuesto, razones propias. Y en realidad, acá hay un conflicto asociado a que este nuevo Presupuesto estaba afectando un área sensible. ¿Cuántas personas hay en el colectivo de la comunidad de la discapacidad? ¿Tres millones? ¿Cuatro millones? Sumale todos los parientes y los familiares que acompañan a una persona con discapacidad. ¿Seis millones? ¿Siete millones?

Con la presentación de este Presupuesto, el gobierno está impactando tal vez en un corpus de entre cuatro y siete millones de personas enojadas, que no entienden por qué son el pato de la boda, y no el único.

En este Presupuesto estaban desindexando -es decir, corriendo el mecanismo automático de actualización de los valores que se pagaban por discapacidad- y anulando el nomenclador.

Con el nomenclador se universaliza un piso mínimo de ingresos, de pagos: lo que vale la tarifa de un transportista, de un operador terapéutico, para cualquiera que tenga una obra social chiquita, mediana, grande o prepago. Para todos era de un modo inclusivo. Todos estos prestadores tenían que pagar este mínimo. Para que nadie tuviera ventaja y para que ni la obra social grande ni la prepaga pudieran hacerse las vivas con una comunidad indefensa, vulnerable, como es la que tiene discapacidad.

¡Generó un revuelo! La mesa política servía, no servía. Había conversaciones blue. Así se sintió Patricia Bullrich y amenazó fuerte: yo no soy la tarada de acá.

Tras la renuncia del secretario nacional de Discapacidad, llega la versión. Están diciendo que el nomenclador queda. ¿Viste que lo querían voltear? Querían que desaparezca y que cada obra social se manejara y negociara. Bueno, al final no van a desregular eso. El nomenclador queda.

Pero viene otra discusión. A lo mejor, la actualización, que actualmente es mensual, la hacen bimestral. Esa también sigue siendo una desventaja, ¿verdad? Porque si vos ya actualizás a dos meses, más los tiempos de demora muchas veces en los pagos de los prestadores, lo jodés igual. La inflación va a la baja, pero existe todavía.

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Además, van a revisar -y esto también es información- la idea de que si tenés una pensión por discapacidad y estabas trabajando o podés trabajar, igual te la sigan dando. Querían sacarla. Un delirio. Un pibe que tiene una cobertura de una pensión por discapacidad apenas podía conseguir un trabajo extra. ¿Y cuánto creés que le iban a pagar? Por suerte, reflexionaron y eso queda.

¿Entremeter la pata? Lo único que te queda hacer es sacar la pata. ¿Porque qué pasa en el medio entre meter y sacar la pata? El daño político. La etiqueta de insensibilidad, de ajustador.

A propósito, ¿qué va a pasar con la AUH? Esta asignación también se actualizaba automáticamente, y era el orgullo de Sandra Pettovello y de Capital Humano repetir: a nosotros nos dicen insensibles, miren ustedes cómo la AUH subió más que la inflación. Y las asignaciones familiares también. Es decir, todo eso que nos decían lo tenemos mejor que antes. ¿Qué va a pasar con eso? Discusión en el Presupuesto.

¿Y cuál es el problema? Que el tiempo pasa y se instala una agenda que es desfavorable para el gobierno. Mientras Milei hable mañana en Naciones Unidas de Malvinas y salga de la grieta transversalmente y diga “esto es para todos los argentinos, las islas son argentinas”, en el ámbito local se seguirá discutiendo qué sucede con toda la seguridad social que quedaría afectada en este Presupuesto, si es que no se negocia.

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Yo elijo creer que van a reflexionar. ¿Por qué? Porque la gente elige una vez el ajuste. Y esa ficha ya se la gastó Milei en 2023. La sociedad argentina, el 56 por ciento, dio un cheque. No un cheque en blanco. No le dijo: hacé lo que quieras, hasta donde quieras. Es: tomá. Y cuando Milei lo iba a agarrar, le dijo: pará. Te doy un cheque porque sé que hay que ajustar y porque el Estado se excedió, y porque fue un Estado ladrón, que asfixió. Pero ojo con el cheque. Ojo con la motosierra.

La sociedad le abrió a Milei una ventana de oportunidad para que usara la motosierra. La gente avaló en 2023 un ajuste.

Mi pregunta: ¿va a votar el año que viene otro gobierno de ajuste? ¿O que solo tenga para presentar un modelo que restringe? Lo que está presentando el Presupuesto en principio es un Presupuesto de ajuste. En un año que va a ser electoral.

Primera pregunta: ¿de verdad se cree que va a haber un segundo gobierno que la gente “compre” como un gobierno de motosierra? ¿Seguro que todo ese 56 por ciento va a volver a acompañar una propuesta de esas características?

Segunda pregunta: Patricia Bullrich, según Lucas Romero, es el disyuntor. ¿Pero es el disyuntor? ¿O destrabamos un nivel de paranoia y, en realidad, abre camino por si hay un Plan B que cierto establishment y círculo rojo fantasea? ¿Representa el rumbo de Milei sin Milei? Patricia obviamente va a decir que no, como corresponde, y a lo mejor no quiere. Ella siempre dice que lo importante es renovar y que reelije el proyecto. Pero hay algunos que la fantasean ahí, tomando la antorcha del cambio, un barco que sigue el rumbo con otra capitana.

Imaginen la incomodidad que debe tener Karina o el propio Javier Milei con esto. Es la socia estratégica que necesitamos, pero también nos genera alarmas.

Lo que sí puede hacer el gobierno en este momento, aunque no tenga margen para mejorar muchísimo la situación económica, es evitar que empeore. Mientras tanto, cruzamos el río.

Se largó -porque no hay que llamarlo de ninguna otra manera- Axel Kicillof. Y hay una novedad que no registra el kirchnerismo: hay un señor que quiere hacer kirchnerismo duro sin la tutela de la señora de Kirchner ni de Máximo Kirchner.

Esta es una pyme, una empresa familiar. Primero Néstor, después Cristina, después Cristina II. Primero eligieron a Daniel Scioli, que genéticamente no era lo mismo, pero era el giro al centro que en ese momento se buscaba. No es uno nuestro. Después se intentó, por supuesto, con Alberto Fernández. Ya sabemos cómo terminó, pero no era un duro, no era un puro. Y después vino Massa, del que siempre desconfiaron, pero no hubo más remedio que agarrar el tender, el broche y ponérselo en la nariz: “Es tu momento, Sergio Massa”.

En cambio, Axel Kicillof quiere hacer algo que es inédito. Dice que no quiere control remoto. Dice: “Yo no quiero un armado peronista con control remoto”. ¿A qué se refiere? Que de San José 1111 se asome a la ventana una señora y con un joystick vaya moviendo los hilos, en este caso las ondas, para dirigir al PJ y, eventualmente, a él, a Axel Kicillof. Esto es inédito, porque Axel Kicillof es un hijo político de Cristina, pero las cosas están tan mal que se va a cumplir ahora en octubre un año de su única visita a San José 1111.

¿Qué dicen que ocurrió ahí? Que Cristina, en esa amable o no tan amable charla, le recordó quién manda, quién lo inventó, a quién él tiene que escuchar. ¿Y por qué creen que Axel no volvió más? Porque no acepta, ni va a aceptar, ni aceptó, que lo verticalizaran. Y esto es lo que Cristina no puede entender: que le desconozca la jefatura, y a Máximo, menos. Entonces lo que aparece es un sentimiento nuevo, que es difícil a veces, cuando hay cuestiones personales de frenar: el odio. El odio que se sintetiza en una palabra: “traidor”. ¿Cómo se sutura esta emoción que es la ira o el odio? No está claro.

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Lo que sabemos es que Kicillof dijo: “Ah, yo no voy por control remoto. No quiero ser Alberto Fernández”. Y, a ver, lo más importante: todavía no tiene un enunciado propositivo. Tiene un enunciado de diferenciación: “Yo no soy Milei”.

La moraleja del final es: este es el hándicap que tiene Milei. Hay un artefacto que se llama motosierra y otro artefacto alternativo que hoy parece la polarización. La otra posibilidad es que sea una máquina del tiempo y viajemos todos juntos a 2012, 2013, por no decirte 1950. Este es un hándicap.

La pregunta que me vuelvo a hacer, y cierro con esto es: contra este artefacto que es la máquina del tiempo en color sepia, ¿va a seguir ofreciendo este otro artefacto Milei, otra vez la motosierra? ¿No habrá algo más inspirador?

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