Luján Santini vivía en la Ciudad de Buenos Aires y se mudó en el 2009 a Carlos Casares para criar a sus hijos. Buscaba que crecieran en un entorno más vinculado a la naturaleza y “a otros tiempos”.
Pensando en que ellos adquieran más herramientas, no imaginó jamás que a sus 48 años su vida también se transformaría.
Santini, que se dedica a la fotografía, desde “hace unos seis meses” sumó una actividad laboral totalmente diferente que la sorprende día a día.
Luego de mucho tiempo de hacer clicks y capturar momentos con la cámara, puso el foco en el agro y en cómo podía agregarle valor a las ocho hectáreas que tiene en Casares.
En diálogo con TN, la reciente productora agropecuaria aseguró que “nunca es tarde para aprender” y que en “los pueblos del interior hay mucho para desarrollar y hacer”.
“El momento clave fue cuando Iñaki, uno de mis hijos, se recibió de licenciado en Agronegocios. Yo soy bastante inquieta y con sus conocimientos, iniciamos este proyecto ganadero que muestro en las redes”, explicó Luján.
Con lo que aprendió su hijo, lo que ella está estudiando, y los consejos de los usuarios y otros productores de la zona, la fotógrafa se ocupa de 30 novillos de unos 400kgs que engorda en un sistema de pastoreo intensivo por parcelas.
“Manejo la parte operativa de este proyecto. Estoy aprendiendo cosas nuevas, y me animé también a mostrarlo en las redes porque me parece valioso en muchos sentidos. Una cosa es lo que dicen los libros, y otra la experiencia del paisano”, indicó.
Luján destaca en sus redes que “el campo se aprende” y que en pocas hectáreas es posible potenciar la economía. “Muestro el proceso real; yo no sé nada, pero soy inquieta y siempre estoy buscando algo que me motive. Esto fue un renacer personal, del vínculo con mis hijos, y también como profesional”, reflexionó.
Respecto del contenido que comparte en Instagram, aclaró que no lo planifica porque “el campo habla por sí solo”. “Cuando llego y veo todas las actividades que hay que hacer, empiezo a grabar y cuento qué comieron los animales, cómo pensamos la nutrición, qué cambios vimos,... Hay mucho material, es cuestión de observar bien y comunicarlo”, afirmó.
La fotógrafa considera que seguir “el minuto a minuto del desarrollo” de la hacienda es clave para “ver los problemas enseguida y evitar que empeoren”. “Chequeo la bosta, cómo descansan... Estoy aprendiendo, tengo más idea. Solo hay que sacarle el miedo a la actividad”, aseguró.
Mientras participa en capacitaciones, hace cursos y se relaciona con gente del campo “con una experiencia increíble” para adquirir conocimientos para el proyecto, como mamá está orgullosa de su presente. “Con mis hijos estamos más conectados que nunca, resurgimos, transformamos el vínculo”, dijo emocionada.

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