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Isla Maciel: el barrio con alma de pueblo a minutos de CABA que los vecinos convirtieron en una colorida atracción turística

El Primer Encuentro Internacional de Turismo Comunitario Urbano puso la lupa en el proyecto transformador: murales, arte y un renovado orgullo por la historia propia. Vale mucho la pena darse una vuelta.

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A veces, para conocer el mundo basta con viajar muy cerca. Acá nomás. Vale para nuestro propio lugar, que muchas veces olvidamos mirar con ojos curiosos, o de turista. Seguramente serán muchos los lectores de esta nota que viven en Buenos Aires y, como esta cronista, nunca habían pisado la Isla Maciel. Vaya para ellos y para todos, locales y extranjeros, la más entusiasta recomendación de darse una vuelta.

Verán la ciudad y sus orillas de otra manera. Caminarán por un barrio con ritmo de pueblo, casas de colores como las de La Boca, que está enfrente, y el puente transbordador como fotogénico marco. La perspectiva, desde la calle principal, Montaña, recuerda a la del Dumbo neoyorquino, la zona ubicada debajo del puente de Manhattan, sobre la orilla del río, que pasó de área fabril a enclave top desde el que se toman las fotos más famosas de NYC.

La transformación de Isla Maciel por sus propios vecinos, en sitio de interés turístico, parte de una pregunta que subyace a las mejores iniciativas: ¿por qué no? ¿Por qué no imaginar que esa isla perteneciente al municipio de Avellaneda, pero a metros de CABA, históricamente estigmatizada como aguantadero y núcleo de prostitución, a orillas de unas aguas imposibles, pueda convertirse en una zona turística? El Obelisco, Palermo, el Cementerio de la Recoleta, La Boca e Isla Maciel en un recorrido básico para tomarle el pulso a Buenos Aires.

Entre el 17 y el 20 de septiembre, referentes de distintos países latinoamericanos intercambiaron experiencias en la sede del precioso Museo Comunitario Isla Maciel. Un viejo astillero en el que se guardan imágenes y reliquias de la memoria de la zona. Una experiencia que sintoniza con lo que se impone hoy en el mundo de los viajeros, vinculado a un turismo urbano caminante, sustentable, en el que los guías son los propios vecinos, la mejor manera de conocer las ciudades.

“No se contrata un servicio, no te deja un bus en Caminito y ya. Esto es un turismo comunitario desde las bases comunitarias: la cocinera es vecina, la que hace la guiada es otro vecino y otro quien maneja el auto”, dice Romina Cabaña, referente comunitaria y parte activa del proyecto autogestivo. “Por eso se trabaja con una red comunitaria desde los barrios populares.

“Si un vecino se pierde, si un auto que ingresa no es del barrio, porque el GPS muchas veces en lugar de cruzar a La Boca lo deja hasta este lado de Isla Maciel, no está perdido. No tiene que salir del barrio. Este proyecto nació en 2014, en la única escuela secundaria que existe en el barrio, donde una alumna dijo: ya que estamos tan cerca de Caminito, ¿por qué no hacer un circuito de turismo? Isla Maciel tiene mucha historia por por contar y transmitir".

Hija de paraguayo y argentina, Romina es casi nacida y criada. Lleva una vida en la Isla, y ahí nacieron sus tres hijos, que trabajan con ella en el proyecto. “Los jóvenes se van sumando y sienten que su barrio tiene que ser empoderado, que nadie puede decirles que si vivís acá sos pobre o peligroso. Y muchas veces ignoran al que está en consumo problemático, ignoran a esa mamá soltera, ignoran a ese adulto mayor que está solo, porque nadie se acercó a preguntarle si necesita algo”.

Entre octubre y marzo suceden los recorridos. Llegan grupos de alemanes, de franceses, que recorren la isla con un guía en inglés. Llegan sabiendo que los espera una experiencia turística con base comunitaria. “El barrio tiene sus problemas, tampoco lo vamos a romantizar”, dice Romina.

“Pero se trata de poner en palabras todo lo que sucede, lo negativo y lo positivo, no lo ocultamos. Siempre buscamos incorporar vecinos, pero a su vez, no podemos prometerles que tendrán trabajo luego de la temporada alta. El entusiasmo igual es la regla, porque se genera una economía circular”.

Frente a un enorme astillero abandonado está Gerardo “Gercha” Montes de Oca, el profe que inició junto a los chicos la movida de “Pintó la Isla”. Ahora preparan la pintada anual: convocan a unos 120 artistas, con feria de arte, mesas gráficas, talleres, feria de gastronomía popular. Llevan doce años poniéndole arte, diseño y color a las calles de Isla Maciel, incorporando una alegría que reluce bajo el sol de su cielo abierto.

“Esta movida permitió visibilizar un barrio con un estigma muy negativo. Empezar a abrir una puerta al turismo comunitario y que venga gente de diferentes partes del mundo a visitar la isla. Pero también el barrio se empieza a sí mismo con otra mirada”, dice. “La comunidad cambió. Cuidan el turismo y se dan cuenta de que se derribaron los enormes prejuicios que había; nadie quería entrar a la isla. A mí me pasó, que soy de Quilmes, cuando vine de profe. Y me encontré con una comunidad increíble, de gente muy cálida”.

Los artistas pintan las paredes cedidas por los vecinos, previo acuerdo sobre el diseño. Les convidan mate o comida, les regalan una camiseta de San Telmo, el club de enorme presencia en el barrio. Gerardo no puede caminar una cuadra sin que lo saluden alumnos o ex alumnos. Su proyecto institucional, con los alumnos de 5to año, fue el puntapie para toda la movida. “La idea era armar un circuito a cielo abierto de murales”.

“Empezamos a salir al salir este a golpear puertas a los vecinos, a pedir en las paredes”, cuenta el profesor. “Para mi sorpresa, ningún vecino nos dijo que no. Y los mismos chicos vieron cómo desaparecían sus temores: al principio me decían -´profe, nadie va a querer venir a pintar al barrio, los van a robar´. Muchos conocieron su barrio a partir de salir a pintar, porque iban de casa a la escuela, no conocían dos cuadra más allá. Y como también pinto y soy artista plástico, luego empecé como a contactarme con artistas y la mayoría aceptó venir. Se haciendo como una bola de nieve. Hoy hay más de mil murales pintados. Lo interesante del proyecto es que parte de una convocatoria abierta. No solamente deja pintar a la gente que en teoría sabe de arte, sino que conviven murales hechos con alumnos, con vecinos y artistas de distintas partes del mundo. Y los chicos sienten que son los fundadores".

El proyecto comunitario de Isla Maciel recibe materiales artísticos para sus murales: los que quieran colaborar pueden contactarse a través de estas cuentas de Instagram: @pintolaisla y @museocomunitario

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