EL ESPECTÁCULO SE VIVE DE CERCA@desenchufadas.ok ↗
← Volver a las noticias
GENERAL / CLARIN

Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personas

El escritor francés protagonizó esta noche un diálogo con la cronista argentina ante más de 800 personas en el Filba. Durante el encuentro, repasó su obra, sus crisis personales y las dificultades que atravesó para volver a escribir. También habló de Koljós, su libro más reciente, y de los dilemas éticos de narrar historias reales.

Imagen de la noticia: Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personas

¿Pensó alguna vez el escritor francés Emmanuel Carrère en dejar de escribir? Después de varias novelas y de ocho libros de no ficción inmortales clásicos desde el mismo momento en el que son publicados de El adversario el perfil del asesino múltiple Jean-Claude Romand hasta Limónov el retrato de un facho ruso desde Una novela rusa el misterio sobre un abuelo colaboracionista hasta Koljós un Cien años de soledad soviético. Eso si alguna vez pensó en dejar de escribir le preguntó la periodista y escritora Leila Guerriero a Carrère ante más de 800 personas que atiborraron esta noche cada rincón de la sala de Actos de la Facultad de Derecho de la UBA. "No sé hacer otra cosa" respondió el principal invitado al Festival Internacional de Literatura (Filba). Casi todos suspiraron de alivio.En una de las actividades más esperadas del festival que cuenta con el apoyo de Clarín y revista Ñ Guerriero presentó a Carrère antes de nada saludando a las personas "que han llenado este lugar de nuestra maravillosa universidad pública" y no pudo seguir porque una ovación subrayó ese elogio en medio de una puja entre las casas de estudio y el Gobierno que lleva 346 días sin aplicar como mandó la Justicia la ley de Financiamiento educativo. Cuando los aplausos terminaron la argentina agregó que su colega francés era "uno de los más extraordinarios y admirados autores contemporáneos".La dupla virtuosa excepcional de Guerriero-Carrère recorrió la obra del francés desde su adolescencia hasta su más reciente libro Koljós. El francés aseguró que de manera general tiende a evitar las opiniones: "Desconfío de mis ideas" aseguró y ejemplificó con su conocimiento del periodismo. "Hay dos clases de reporteros: los que escriben análisis o editoriales que ofrecen su mirada sobre las cosas; y los que hacen reportajes y tratan de ver los hechos concretos" describió. Él claro se siente mejor en el segundo grupo explicó.Invitado a recordar su adolescencia definida hace tiempo por el autor como un periodo en el que las cosas se arruinaron en su vida Carrère aseguró que había tenido una buena niñez: "En el fondo he tenido una infancia muy agradable muy unido a mi madre y cuando ese período de la vida se fue desarmando de alguna manera me sentí expulsado del paraíso" dijo y recordó que parte de esos años se narran en Koljós.Y bromeó sobre la extensión de esa adolescencia: "Es un largo largo periodo una larga adolescencia que no sé hasta qué punto se habrá terminado". Ya más seriamente aseguró: "Tengo tendencia a pensar que estamos en la Tierra no necesariamente para ser felices pero sí para mejorar un poco. Y no solo moralmente porque mejorar significa también saber un poco más tener una mirada un poco más abarcativa entender más sobre nosotros mismos sobre lo que nos importa lo que se dice muy bien en inglés to think out of the box. Es decir estamos aquí para eso para intentar entender un poco mejor dónde estamos a qué nivel estamos cuáles son nuestros sueños e intentar en algún sentido alcanzarlos".Carrère también recordó los períodos depresivos que fueron sucediéndose a lo largo de su vida adulta y que fueron encontrando espacio en su obra. Si bien el más dramático aparece recuperado en Yoga cuando terminó hospitalizado y tratado con electroshock otros momentos de crisis emocional le impidieron escribir durante mucho tiempo."En esos momentos –compartió– tenía la sensación de estar ante Medusa que te petrifica. Me sentía literalmente petrificado paralizado con una sensación de pavor y eso se tradujo en una especie de episodios que me duraron en ambos casos varios años. En esas temporadas estaba totalmente convencido de que nunca volvería a escribir".Pero según amplió el paso del tiempo y la edad le permitieron relativizar un poco esos sentimientos: "Y ahora me digo ‘Bueno ya me he dicho eso varias veces y siempre he vuelto a escribir’. En este momento por ejemplo estoy en esta situación no tengo ningún proyecto de libro. Empieza a angustiarme un poco pero es una angustia que a pesar de todo se ve atenuada por la experiencia de saber que ya ha pasado antes" completó.Guerriero fue recorriendo los desafíos de cada uno de sus libros evidenciando no solo una lectura muy lúcida sino además el talento para preguntar como quien empuña un bisturí y al mismo tiempo acompañar la estocada con una broma o una ocurrencia. En todo momento el diálogo fue un asalto de esgrima entre dos virtuosos colosales. Una carta para el asesino“Al asesino Jean-Claude Romand protagonista de El adversario le enviaste una carta absolutamente magistral pidiéndole una serie de encuentros para contar una historia. Ese texto no lo halaga no busca su complacencia nunca pierde de vista que le está escribiendo a un asesino pero lo trata con enorme respeto y le transmite su intención de entender –repuso la autora de La llamada y preguntó–: ¿Te costó mucho escribir esa carta y esperar la respuesta después de que no llegó durante muchísimo tiempo?".Los segundos de reflexión que tomó Carrère se sentían como un aire denso pesado. No sonaba un solo sonido. Todo era expectativa ante la autopsia del libro más disruptivo del escritor: "Me ha costado muchísimo evidentemente escribir esta carta" confirmó. Era solo el inicio.El escritor no coincidía con la idea de que fuera un mensaje carente de complacencia: "En un momento dado le digo refiriéndome a sus crímenes: ‘No me interesa lo que has hecho sino lo que te ha pasado’. Eso sí que es complacencia. Aunque no fue algo consciente por mi parte no fue calculado porque yo efectivamente pensaba que alguien que hace eso en realidad está tomado por fuerzas que son solo suyas" explicó.Carrère recordó que Jean-Claude Romand "veía su historia como una tragedia que le había ocurrido de la que se suponía que él también era víctima y no solo un monstruo que había acabado con toda su familia. Esa ambigüedad estuvo constantemente presente en la redacción del libro".Si bien ese trabajo lo llenó de dudas propias e incluso imaginarias ("Pensaba en mis hijos que eran dos niños pequeños en aquella época y que cuando fueran mayores podrían pensar: ‘Pero qué mierda tiene en la cabeza para preocuparse por eso’ evocó) contó que se sintió reconfortado con el éxito de El adversario."Comprendí que si tuvo éxito fue porque muchísima gente se identificaba con él con el hecho de decir pequeñas mentiras para intentar preservar la imagen que queremos dar a la sociedad e incluso con esa sensación de verse atrapado en una etapa de la vida en la que eso ocurre. Creo que es algo que todos lo conocemos" apeló.De manera que concluyó "si al principio tenía la impresión de que estaba lidiando con una historia monstruosa y que eso significaba que yo mismo era un monstruo me reconfortó mucho darme cuenta de que se trataba sencillamente de algo que concierne a la mayoría de la gente".¿Entender es perdonar?Tanto sobre el tema de El adversario como en otros de sus libros Guerriero que es autora de Opus Gelber: Retrato de un pianista y Los suicidas del fin del mundo entre otros libros quiso saber cuál era el vínculo entre Carrère y el horror: ¿es una forma de afrontar de escuchar o de mantener la distancia? quiso saber."Recuerdo que precisamente en la época de los atentados contra el Estado de Francia y de la sala Bataclán había un político que era nuestro primer ministro se llamaba Manuel Valls y decía que intentar entender era el primer paso para disculpar. Yo no estoy de acuerdo no estoy en absoluto de acuerdo. Intentar comprender es nuestro trabajo como escritores. Es lo que pasó en los juicios por aquellos atentados terroristas que yo cubrí durante un año y que aparecen en mi libro V13. Yo considero ese juicio ejemplar" consideró.La singularidad de ese proceso judicial explicó Carrère fue que se invirtieron los lugares de interés: "Un juicio siempre tiene una dramaturgia absolutamente fascinante. Si hubiera tenido que especializarme en el ámbito del periodismo sin duda alguna habría sido cronista judicial. Es realmente una profesión que me gusta mucho; me gusta mucho la gente que se dedica a todo eso. Y hay algo que va de la mano con esto y es que normalmente nos interesan mucho más los delincuentes que sus víctimas. Pues bien en los juicios del V13 lo que ocurría era nuevo era justo lo contrario es decir que los padres los supervivientes toda la gente que estaba del lado de las víctimas tenían una experiencia humana apasionante mientras que los criminales que cometieron ese delito los que estaban en el banquillo eran al fin y al cabo siniestros e implacables. Resultaba muy difícil interesarse por ellos".El secreto del abueloLa recorrida por los libros más relevantes de Carrère se detuvo por supuesto en Una novela rusa un libro en el que el francés desnuda la vida y la desaparición de su abuelo materno probablemente asesinado por colaboracionista del nazismo. El libro generó tal disgusto a su madre la académica Hélène Carrère d'Encausse que ella dejó de hablarle durante dos años. Tampoco fue del gusto de la pareja que entonces tenía el autor (y con razón)."Si tu padre muere cuando tienes 15 años es duro. Si tu padre desaparece cuando tienes 15 años es algo totalmente distinto como bien saben ustedes en este país porque el duelo es imposible. Y en tercer lugar está el hecho de que no solo desapareció sino que además estaba del lado equivocado es decir del lado de los colaboracionistas" recordó."En el fondo mi madre tuvo que enfrentarse a eso y tuvo que intentar proteger a su hermano pequeño. Tengo la impresión de que ella debe todo su extraordinario éxito social su extraordinaria integración en la sociedad francesa al hecho de que su padre había vivido y había muerto como un paria en esa misma sociedad. Mi madre se construyó a sí misma a partir de eso. Y lo que me conmovió cuando quise hablar de ello es que se puso muy mal. Era como si a pesar de ser una mujer de 75 años muy famosa y muy respetada siguiera siendo aquella chica de 15 años con un apellido imposible de pronunciar (Zourabichvili) y un padre paria. Ella tenía mucho miedo de que eso provocara una catástrofe en su vida ya fuera una especie de caída social o algo así. Evidentemente no pasó nada. Evidentemente nadie tuvo la más mínima intención de reprocharle que su padre fuera colaborador".Incluso Carrère recordó que años después su madre dejó caer como si nada que había hecho bien en escribir ese libro: "Cuando pasas la vida con una espada de Damocles colgando sobre tu cabeza y la espada de Damocles cae y no pasa nada no hay ningún problema pues es un alivio" empatizó.Cuando Leila Guerriero anunció su última pregunta Carrère se decepcionó: "Podemos quedarnos más ya que la estamos pasando tan bien" propuso. La cronista argentina aceptó la invitación reacomodó sus apuntes y enlazó tres o cuatro preguntas igual de interesantes y punzantes.Por eso cuando le preguntó si alguna vez había pensado en dejar de escribir Carrère ya había recorrido su libro más reciente Koljós El Reino De vidas ajenas Yoga Limónov y Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Un viaje en la mente de Philip K. Dick había hablado de su padre de su madre del lugar del escritor de la capacidad de entender sin perdonar de la posibilidad de que dos historias ajenas encajen las diferencias entre escribir ficción y no ficción la fe y el fanatismo... y muchas otras cosas."Es simplemente lo que me gusta hacer y no veo por qué debería privarme de lo que me gusta hacer. Pero además escribir es lo que me hace feliz. Tengo la sensación de ocupar mi lugar en el mundo cuando escribo". Mientras se saludaron mientras se abrazaron incluso mientras se tomaron una foto con las 800 personas al fondo y también cuando se retiraron por una puerta lateral siempre sin pausa sonó una ovación para Leila Guerriero y Emmanuel Carrère.

Imagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personasImagen complementaria de Un ‘pas de deux’ virtuoso entre Leila Guerriero y Emmanuel Carrère ante 800 personas
FUENTE ORIGINAL

Noticia de CLARIN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.

Leer en CLARIN ↗