Las librerías empezaron a enviar sus mensajes de whatsapp: ya tenemos tu Borges. Y las redes desplegaron el habitual hate correspondiente, hacia los felices poseedores del diario de Adolfo Bioy Casares, Borges, que vuelve a la luz después de veinte años como objeto quimérico, inconseguible. En algunas hubo lista de espera, ejemplares en preventa. En otras no, con la explicación de que recibirían pocos y no les convenía tenerlos adjudicados. La enorme expectativa por la reedición de un libro mítico contrasta con los tiempos de ventas en baja y economía restringida. Los expertos, más o menos cercanos a los editores, hablan de la noticia editorial del año, y no es para menos. “Somos muchos los que estábamos esperando la reedición de este libro que me parece un hito fundamental porque nos permite ver algo de la vida cotidiana de Borges que hasta ahora no se mostraba. Cómo era con los amigos, cómo pensaba íntimamente; también otra clase de reflexiones sobre gran parte de la cultura argentina y mundial”, dice a TN Marisol Alonso, tallerista y directora del Festival Borges. “Me intriga ver en esta nueva edición cuáles son las páginas agregadas porque seguramente podremos entender, por su contenido, por qué habían decidido quitarlas en la primera edición y qué aportan ahora”, agrega.Para Alonso, “tal vez la experiencia de la lectura de este libro pueda convertirse en lo más cercano a conocer a Borges. Al Borges de entrecasa, el que no busca impresionar y se permite ser humano, ser mortal. El otro Borges, el de los ensayos, los cuentos y las entrevistas, creo que no se permitía el error de la mortalidad”. El editor de esta nueva versión ampliada, de más de dos mil páginas, en dos preciosos tomos con su tapa dura y su caja, es Daniel Martino, albacea y amigo de Bioy. La persona junto a la que ordenó sus papeles en sus últimos años. Con generosidad, Martino hizo pública la trastienda del proyecto en 2006 y la compartió ahora en sus redes, acompañando el lanzamiento. La génesis precisa del Borges, en la tarde del 22 de noviembre de 1996, hace casi exactamente treinta años. Mientras trabajaban en otros textos, Bioy le mencionó la vida de Borges, que alguna vez había planeado y para la que había reunido muchas anotaciones. “Amargamente, repitió una frase que solía invocar al leer un texto sobre algún asunto que él podría haber escrito mejor: shame to be mute and let barbarians speak; una cita, descubrí muchos años después, de un drama perdido de Eurípides. Me dijo que, con su silencio, había permitido que otros tomaran la palabra para hablar de Borges”. “A partir de esa tarde, leí los Diarios –más de cincuenta años de registros, multiplicados en cuadernos de apuntes y aun en minúsculas agendas– en busca de cualquier fragmento, por pequeño que fuera, correspondiente a ese texto ideal; casi todos los días, pasábamos unas cuatro o cinco horas leyendo y corrigiendo esos fragmentos. En 1999, establecido el texto, comencé a escribir las notas y el glosario, que Bioy, muerto en marzo, ya no vería”, escribe Martino.“Creo que el interés que despierta este libro tiene que ver con varias cosas. Una, con la calidad duradera de la obra de Borges, que lentamente se va convirtiendo en un clásico. Pasan los años y la obra y su lectura perduran. Podemos decir que, en las últimas décadas, sobre todo en la última, se ha armado un consenso en torno a Borges. Creo también que la obra de Borges tiene una cualidad profética en relación con la lectura en Internet y, además, es una obra fácil de leer en Internet, lo cual también contribuye a este consenso y a la atracción que despierta su lectura”, dice a TN Santiago Llach, poeta, escritor y maestro de escritores. Llach es el creador de los Mundiales de Escritura y de talleres sobre la obra borgeana, de la que es un gran difusor.“Hay una vivacidad llena de maldad, llena de chismes, que hace interesantísimo este libro”, continúa Llach. “Y simplemente el hecho de que no se reeditara mientras se construía ese consenso en torno a Borges le fue dando también una calidad mítica. Junto con el mito vinieron algunos errores u otros mitos que no son reales, como la idea de que María Kodama tuviera alguna influencia en el hecho de que no se reeditara. María Kodama ciertamente tenía una enemistad manifiesta con Bioy Casares y se ocupó de subrayarlo ella misma, pero no tenía ni de lejos el suficiente poder como para impedir que este libro se reeditara. Otro mito que también parece evidentemente falso es que esta obra se haya editado o reescrito, cosa que es absolutamente poco verosímil. Es una obra de Bioy Casares y, con la distancia que dan los años, la información que en su momento pudo resultar incómoda o inconveniente se convierte en una información más que interesante para conocer íntimamente y de cerca a este genio argentino”. El monumental Borges de Bioy reaparece en el año en que se conmemoran los cuarenta de su muerte en Ginebra. Desde distintos lenguajes, los homenajes se suceden, mientras se siguen publicando sus charlas y conferencias. Hay una vigencia de la obra que parece atravesar las páginas para dialogar con el audiovisual, hasta con la IA, y que nos acerca a su oralidad. De la página a la voz, y de la voz a la página: así resuenan las extraordinarias Conferencias reunidas: 1960-1985, publicadas este año, que reúnen las charlas que Borges dio por el mundo durante un cuarto de siglo. “En los últimos años se ha leído y escuchado especialmente al Borges oral”, dice Llach. “Se han recuperado recientemente sus clases y sus conferencias, y también hay muchas grabaciones de conferencias y charlas en YouTube. Es decir que Borges ya no solo es un escritor leído, sino que también es muy visto y escuchado. Esto tiene que ver con ese Borges de la última etapa, el Borges que queda ciego y que, a partir de los años cincuenta, empieza a dictar sus cuentos y poemas: un Borges que se convierte en Homero, que hace el pasaje inverso al de Homero, que se convierte en Borges oral, que pasa de la escritura a la oralidad”. Es también la oralidad que atraviesa las páginas del diario de su amigo Bioy, que recopiló y anotó sus conversaciones. Con las entradas que encabeza la frase “come en casa Borges”, y la indiscreción natural de las conversaciones de sobremesa marcadas por la confianza. Dice Llach: “De algún modo, el pasaje de la oralidad a la escritura es el pasaje de la acción, de la vida vivida intensamente, a la conciencia y a la vida intelectual”. Leé también: En el mes de Charly, su fan número uno estrena un programa que promete descubrir inéditos y desplegar el anecdotario absoluto“Borges encontró en Bioy Casares a un socio que lo potenciaba, que lo animó a escribir sus cuentos fantásticos. Se puede decir que ese power trio entre Borges, Bioy y Silvina Ocampo construyó el canon latinoamericano en torno a la literatura fantástica. Había también una cuestión personal: Borges vivió toda la vida con su madre y quizá por eso solía ir con tanta frecuencia a comer por la noche a lo de Bioy y Silvina. Como lo muestra el epígrafe de Silvina, tener a Borges comiendo con ellos era una experiencia muy dulce. Me parece que tanto Bioy como Silvina eran muy conscientes del genio de Borges”, dice Llach. “Este libraco de Bioy Casares es un documento histórico y un registro de la amistad como hay pocos”, concluye el especialista. No sé si decir que está a la altura de los diálogos de Platón, que son el registro de su discipulazgo y su amistad con Sócrates, pero es, sin duda, un documento literario apasionante, divertido e histórico. Enhorabuena su reedición”.
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