El anecdotario de los ganadores del Nobel de Literatura es gracioso: un llamado telefónico que a muchos los agarra dormidos, ausentes o incrédulos. Lo que sigue es un cambio importante en sus vidas y un impulso extraordinario en sus obras. Medalla, diploma, apretón de manos, discurso en ceremonia solemne y 1.2 millones de dólares en la cuenta bancaria. Las casas de apuestas vuelven a mostrar a autoras en punta: la china Can Xue, de 73 años, la poeta canadiense Anne Carson, muy leída aquí, la estadounidense Joyce Carol Oates, la rusa Ludmila Ulitskaja. El prolífico César Aira vuelve a aparecer como ya habitual esperanza argentina, para un galardón que no recae en un autor de lengua española desde 2010, con el Nobel al peruano Mario Vargas Llosa.Y si las modas empujan ideas de probabilidad, aparecen también autoras argentinas contemporáneas como Mariana Enriquez y Samanta Schweblin. Consultado por el diario La Nación, y con su humor habitual, Aira dijo: “Por suerte este año toca mujer, así que me dejan tranquilo”. La tendencia lo refrenda, pues en los últimos años la Academia Sueca viene premiando a escritoras y escritores alternadamente. El año pasado, fue para el húngaro László Krasznahorkai. Entre estos últimos, el francés Emanuelle Carrere, que visitó Argentina la semana pasada, figura en los listados. Aunque mucho antes aparecen nombres ya habituales, como el japonés Haruki Murakami, el esquivo Thomas Pynchon, Salman Rushdie o Stephen King. Las peticiones de críticos, colegas y medios especializados para que le otorguen el premio al best seller estadounidense, especialista en terror, se sucedieron en los últimos años. Pero la academia, como se sabe, produce efecto sorpresa.
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