En Argentina, una bebida “sin alcohol” puede contener graduación alcohólica y no por eso estar infringiendo la ley. De la misma forma, un alimento “sin azúcar” puede tener azúcar, o una yerba “sin palo” contener palo. Todo eso es posible y totalmente legal porque así lo establece la biblia de la producción de alimentos en el país: el Código Alimentario Argentino, consagrado por la Ley 18.284.El Código no busca engañar, sino fijar márgenes de tolerancia técnica para la industria. Sin embargo, en esa letra chica se esconden perlas que casi nadie conoce:A primera vista parece una contradicción, pero la ley contempla que ciertos procesos de elaboración o fermentación natural dejan trazas alcohólicas. Por eso, el Código considera que una bebida es “analcohólica” o “sin alcohol” siempre que no supere el 0,5% de alcohol etílico. Esto aplica a gaseosas, jugos, aperitivos amargos y cervezas y sidras sin alcohol. En otras palabras, cuando tomás un jugo, quizás estés bebiendo algo de alcohol. En el caso de los amargos la razón de la presencia de alcohol se explica porque las esencias aromáticas de las hierbas se extraen mediante maceración hidroalcohólica (se usa agua y alcohol como solvente). Aunque el etanol se evapora y se retira casi por completo en la fábrica, pueden persistir pequeñas trazas en la botella que comprás en el supermercado. Lee también: Vendedores de palta en las esquinas porteñas: qué dice la ley y quiénes están detrás del negocioLa kombucha, el kéfir y otros tés fermentados merecen un párrafo aparte. Al tratarse de productos vivos, a menudo artesanales, su nivel de alcohol puede superar el 0,5% sin que el consumidor lo sepa, exponiendo un vacío de control en el Código Alimentario. Un paréntesis rápido para desarmar la tentación de buscarle “el truco” a la ley. Si alguien imagina que esta tolerancia es el salvoconducto perfecto para zafar de un control de tránsito diciendo que solo tomó amargo serrano o jugo de naranja, los números tiran abajo el mito: para alcanzar el límite legal de 0,5 g/l en sangre habría que tomarse cerca de 10 litros de un tirón. Una hazaña biológicamente imposible que el cuerpo rechazaría mucho antes de encender el auto.Lee también: Alquiler, comida y deudas: los gastos que dejan sin plata a las familias antes de fin de mes2. El mito del “Zero Azúcar”Cuando compramos un producto etiquetado como “Sin Azúcar”, solemos asumir que su contenido es estrictamente cero (0,00 g). Sin embargo, la normativa permite que un alimento se anuncie comercialmente como “Sin Azúcar” o “Zero” siempre que no contenga más de 0,5 gramos de azúcares simples por porción.3. ¿Existe la yerba “sin palo”?Algo parecido pasa con la yerba. En este caso, el producto rotulado como “despalada” o “sin palo” puede tener hasta un 10% de leño o ramitas (palo). Además de la inevitabilidad de la molienda industrial (no se puede sacar el 100% del palo), ese pequeño porcentaje de fibra actúa como un regulador natural del sabor, evitando que la infusión sea excesivamente amarga o colapse la bombilla.
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