En un nuevo informe de Barrios Picantes , Paulo Kablan recorrió la Villa Itatí , uno de los asentamientos más grandes de Quilmes , pero también uno de los más peligrosos.
Y el peligro tiene dos razones: el delito y las drogas . Romina puede dar fe de eso. Durante años estuvo perdida por su adicción a la pasta base. “ Acá la droga es como caramelo” , asegura.
Ella se recuperó, pero dos de sus hijos siguieron el mismo camino. Peor aun, porque al consumo le sumaron el delito. Y a los dos los mataron cuando intentaban cometer un robo.
Gisele lo puede contar, pero también estuvo al borde de la muerte. Un transa le asestó 27 puñaladas porque creyó que le había robado .
“Yo no tenía nada que ver. El tema es que como yo andaba robando y había ido a la casa de él, pensó que había sido yo” , recuerda Gisele.
Su especialidad no era robarles a los transas. Lo suyo era hacerse pasar por prostituta en el acceso Sudeste y cuando algún cliente se detenía para contratar sus servicios, le robaba con cuchillo.
César , conocido como Tigre, es de los vecinos que tratan de cambiar esa realidad. En su casa montó una panadería, donde les da techo y trabajo a chicos que rescató de la calle y del delito .
Darío es un ejemplo de alguien que estuvo preso por robo y logró cambiar de rumbo . Ahora trabaja para una cooperativa haciendo trabajos de construcción en el barrio.
Richard , en cambio, trabajó toda su vida. Se las arregla ofreciendo servicios de logística con su camioneta. Es la otra cara del barrio . La de miles de vecinos que la pelean a puro esfuerzo y sacrificio.
Pero la violencia del barrio también le tocó de cerca. Perdió a muchos amigos por la delincuencia. Y a uno lo encontró muerto en un pasillo con un tiro en la cabeza.
Eso fue hace varios años. Pero hay cosas que no cambiaron. Y Richard lo dice con todas las letras: “Sigue siendo un barrio picante. Se vive con miedo”.
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