Mike Tyson cumplió 60 años con una certeza que tardó décadas en construir: que cada fracaso fue parte de un camino. El excampeón mundial de boxeo, quien pasó por la cárcel, perdió a seres queridos y luchó contra la adicción a la cocaína y el alcohol, aseguró en una entrevista con la revista People que está agradecido por todo lo que vivió, incluido lo más oscuro. El disparador de esa reflexión es el estreno de TYSON, una docuserie de cuatro episodios que llega a Netflix el 13 de octubre. “Todo lo que fue, entre comillas, ‘negativo’, terminó siendo positivo para mí. Estoy muy agradecido por todo, porque me hizo una persona mejor. Todo lo malo que me pasó, lo agradezco”, dijo el púgil al medio estadounidense. Tyson lleva diez años sin consumir cocaína ni alcohol, aunque aclaró que fuma marihuana y se define como “sobrio a la californiana”. Tyson fue arrestado 38 veces antes de los 13 años y encontró en el boxeo su salida La serie, dirigida por Floyd Russ, recorre la vida del deportista desde sus primeros años en la pobreza hasta su consagración como el campeón de peso pesado más joven de la historia. De niño, Tyson creció en un hogar humilde y acumuló 38 arrestos por robo antes de cumplir 13 años. Fue en un centro de detención juvenil donde tomó su primera clase de boxeo, y ese giro lo cambió todo. Allí lo descubrió Cus D’Amato, entrenador legendario con un gimnasio en Catskill, Nueva York. El preparador se convirtió en su tutor legal, lo acogió en su casa junto a otros boxeadores en formación y lo trató como a un hijo. “Me dio confianza. Me dio carácter. Me hizo creer en mí mismo y en lo que podía hacer”, recordó el excampeón en declaraciones a People. El entrenador murió en 1985 a los 77 años, y su ausencia dejó al deportista expuesto a quienes, según él, lo traicionaron económicamente. “El único hombre que amaba ya no estaba”, señaló, en referencia a cómo esa pérdida lo volvió vulnerable frente a mánagers y promotores que nunca velaron por sus intereses. La adicción, la prisión y los duelos personales marcan el núcleo del documental TYSON no esquiva los capítulos más dolorosos de la vida del boxeador. El documental aborda su turbulento matrimonio de un año con la actriz Robin Givens, las imputaciones por delitos sexuales que siempre negó y que le costaron dos años de cárcel, y la muerte de su madre, su entrenador y su hija de cuatro años. La batalla contra las drogas y el alcohol es otro de los ejes centrales de la producción. El propio Mike reconoció en entrevistas previas que ingresó a más de diez centros de rehabilitación. Con una década de distancia de esas sustancias, mira ese período como parte de una transformación que no habría sido posible sin el quiebre previo. “El pasado es el pasado. Pero nuestros recuerdos están presos en nuestra mente para siempre”, afirmó el púgil. La frase resume la tensión que atraviesa toda la serie: la de un hombre que eligió la gratitud sin borrar la memoria de lo que vivió. A los 60 años, Tyson no entiende por qué el público sigue fascinado con su historia A pesar de la magnitud de su trayectoria, Tyson admitió que le resulta difícil comprender el interés sostenido que genera su figura. “Simplemente no entiendo por qué todavía quieren saber de mí. ¡Ya hicieron tantos documentales sobre mí! Pero creo que lo entiendo”, dijo entre risas a People. La producción de TYSON estuvo a cargo de Jenna Millman, Jacob Miller y Alexa Ginsburg, con Bill Simmons entre los productores ejecutivos. La fotografía corrió por cuenta de David Bolen y Jacob Møller, con música de Raffertie. Los cuatro episodios, de aproximadamente una hora cada uno, se estrenan el 13 de octubre en Netflix.



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