El término de relaciones modernas no es algo únicamente de la actualidad. La primera vez que se habló de eso fue en 1972, con la publicación del libro Open Marriage: A New Life Style, escrito por los antropólogos George y Nena O’Neill, una pareja que buscaba contar, a través de su propia experiencia, los lineamientos de una pareja abierta.La obra popularizó no solamente la idea de flexibilizar la exclusividad sexual, sino también la de tener comunicación, autonomía emocional y menos posesividad. La idea era poder tener una pareja que acompañe, no que limite el presente.En la actualidad, el concepto varía dependiendo de quién establece las reglas. Cada pareja establece sus propias reglas y vive la libertad de una pareja abierta según su interpretación personal.Leé también: ¿Es posible estar toda la vida con la misma persona?: 7 de cada 10 jóvenes dicen que probarían otros acuerdosDos parejas abiertas cuentan sus experiencias y explican por qué eligen vivir sus relaciones lejos de la monogamia.Malena y Lucas se conocen desde el jardín. En ese entonces no había atracción, pero sí reconocimiento en el otro. En la primaria, empezaron a coquetear hasta que Malena se cambió de escuela y perdieron el contacto.Durante la secundaria, Male tuvo su primer novio, que le fue infiel. Ella se enteró de la peor manera: su amiga le dejó un collar y le dijo: “Esto se lo olvidó tu novio en mi casa”. El dolor de esa ruptura le permitió entender que la monogamia solo habilitaba un espacio para poder mentirle al otro para mantenerse dentro de las reglas impuestas por este modelo vincular, y decidió nunca más volver a tener una relación así.Lucas apareció nuevamente en su vida a través de las redes sociales. Empezaron a intercambiar mensajes, se vieron y, con el tiempo, volvieron a ser novios. Tuvieron una relación monógama durante 7 meses, hasta que Malena le planteó su idea de relación abierta.Leé también: “Felices los cuatro”: practican el poliamor, conviven y también tienen relaciones abiertas con otras personas“Yo no concebía ese tipo de relación, por eso decidí cortar. Pero al otro día volví y le dije de intentarlo. El primer plan era fingir demencia: estemos juntos, pero vos hacés lo tuyo y yo hago lo mío, y nadie se decía nada. Pero no funcionó muy bien. Estábamos muy perseguidos pensando en qué andaba el otro”.Entonces probaron salir con otras personas el mismo día, pero contarse todo: qué pasó y con quién salían. La única regla era volver a casa para dormir juntos y poder hablar sobre cómo se sintieron.Cada noche en la que volvían a casa podían charlar sobre lo que había pasado. Las preguntas de Lucas eran referidas a la performance sexual y, fundamentalmente, al tamaño del miembro. En cambio, para Malena lo importante era saber si había experimentado placer y de qué manera.“Me da cierta inseguridad que esté con alguien mucho más lindo que yo, mucho más trabajado, pero me gusta que esté con alguien que a ella le guste. Sé que soy inseguro y es algo que yo debo trabajar y no trasladarlo a la pareja”, dice él.En cambio, para Malena, que nunca fue celosa, es importante que esté con alguien más linda que ella. “Siempre digo: si vas a estar con alguien feo, entonces es preferible que se quede conmigo. Lucas es hermoso porque va a estar con alguien por debajo de su vara; se lo merece”.Leé también: ¿Poliamor o pareja abierta? Claves para entender la diferenciaLas reglas entre ellos son claras: no pueden estar con sus amigos, solamente experimentar una vez (se puede repetir únicamente si es en pareja), siempre cuidarse utilizando preservativo y nunca quedarse a dormir en casa ajena, siempre se vuelve a casa.A pesar de la libertad, no están buscando activamente personas. Todo tiene que ver también con la situación por la que están pasando. Malena pasó un tiempo por convulsiones y tuvieron que cerrar la pareja para poder ocuparse. Lo mismo sucedió cuando Lucas planteó que padecía de eyaculación precoz. Fueron momentos en los que decidieron ocuparse de ellos mismos antes de priorizar el gozo personal.Actualmente, se dedican a hacer contenido para redes sociales y hablan sobre cómo es su relación abierta. “Nosotros siempre decimos: ‘yo quiero que en tu libertad me elijas’”, cerró Malena.Cecilia y Juan Pablo se conocieron de chicos y empezaron teniendo una relación monogámica. Nunca hubo un problema, pero sí un deseo de explorar el placer bajo el respeto y consentimiento del otro.Todo empezó por un planteo: ¿qué pasa si nos besamos con nuestros amigos? “Por allá por 2010, 2011 no se hablaba ni de poliamor, ni de relaciones abiertas ni de nada. Pero sentíamos que esa estructura de la monogamia no la queríamos seguir”, dijo Juan Pablo.Para ellos, la idea de poner límites era absurda, porque si hay reglas no hay una apertura real, sino una nueva estructura flexibilizada de un vínculo monogámico, donde hay alguien que vigila y tiene que saber. Lo que delimitaba hasta dónde seguir tenía que ver con experimentar y compartir por deseo con el otro, para saber qué le gustaría volver a repetir y qué no.“La gente tiene la idea de que porque tenés una relación poliamorosa o una relación abierta andás de orgía todo el tiempo, y no es así. Cuando hablamos de exploración, no es solamente sexual: tiene que ver con el reconocimiento identitario, desde el deseo hasta de qué forma quiero ser hoy”, dijo Cecilia.Leé también: Ni 100% abiertos ni cerrados: el modelo “monogamish” que se multiplica y ya es tendencia en varios paísesPara la pareja, no existe esa división tajante entre lo sexual y lo afectivo. Abrir el vínculo es también al mundo, a la vida y a lo que pase. De hecho, hace 11 años tienen una relación poliamorosa de 4 personas, en la que conviven todos juntos mediante esa dinámica vincular.“Hay mucha gente que teme que la otra persona se enamore de alguien más, porque ese va a ser el fin de la pareja. Pero el fin de la pareja siempre es comunicarse mal, tener berrinches o que culpes a otra persona por algo que en la relación te molestó”, dijo Juan Pablo.Actualmente, Juan Pablo y Cecilia tienen a la venta su libro “La Revolución Sexo Afectiva”, en el que comparten su investigación sobre las relaciones abiertas y su propia experiencia. Incluso, brindan asesorías a parejas de forma gratuita a quienes deseen iniciar una apertura vincular.“Las relaciones abiertas son difíciles, sí, hay que hacer un trabajo porque tiene que ver con la ruptura de un paradigma. Es un proceso de aprendizaje de cosas diferentes. Pero la gente habla de problemas en estas relaciones, como si en la monogamia no hubiese”, dijo Cecilia.“Poder hacer la vida que querés en compañía es fundamental, porque no hace falta tener una relación agarrada de la posesión con el otro, de control. El desafío está en acompañar a esa persona y que ese otro te acompañe, pudiendo vos hacer tu vida y cumplir tus sueños”, cerró Juan.
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