“Entramos en coherencia cardíaca cada vez que logramos sentir, pensar y actuar de manera alineada. La única excepción, por supuesto, es que aquello que uno sienta, piense y haga no le cause daño a nadie”, explica Fernando Basílico, cardiólogo y médico integrativo.Fernando Basílico acaba de publicar El corazón y el campo cuántico, un libro en el que reúne información científica y reflexiones para explicar por qué “pensar con el corazón” no es cursilería, sino que también tiene una dimensión fisiológica. El autor plantea la importancia de recuperar nuestra capacidad de escuchar al corazón para construir una vida más íntegra, saludable y con sentido.“El corazón tiene 40 mil neuronas y envía más información al cerebro de la que recibe. Su función principal es sostener y mantener el pulso de la vida. Cuando lo hace en coherencia, activa zonas del cerebro vinculadas con la intuición y la claridad mental, y mejora la capacidad para tomar decisiones profundas. Si escuchamos la información que el corazón nos envía, nuestro campo empieza a reorganizarse y encontramos un estado de mayor coherencia, que se traduce en salud”, afirma Basílico.Según explica, esa coherencia se manifiesta en una armonía que puede observarse a través de distintos indicadores fisiológicos.“Esta coherencia logra una armonía que se traduce en estabilidad eléctrica y magnética, medible de muchas formas. Una de ellas es la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Cuanto mayor es nuestra variabilidad, más flexibles somos. En cambio, si empezamos a perder la capacidad de adaptación, nos volvemos rígidos, y esto impacta en nuestra salud”, sintetiza.“El corazón genera un campo electromagnético medible que puede extenderse varios metros más allá de nuestro cuerpo e interactúa con el entorno. Es una antena y un radar. Este campo es el que también explica por qué ‘sentimos’ la energía de los lugares o de las personas y cómo se produce un intercambio de información entre campos, entre otros fenómenos que solemos experimentar en nuestra vida cotidiana sin entender bien por qué”, sostiene el cardiólogo.En su libro, Basílico retoma una conocida frase de Blaise Pascal “el corazón tiene razones que la razón ignora”, y propone interpretarlas desde una perspectiva científica. Pero ¿qué nos sucede cuando dejamos de escuchar nuestras certezas internas?Según el especialista, las señales de incoherencia pueden manifestarse a través de síntomas como contracturas cervicales, palpitaciones, dolores de cabeza y una sensación general de caos o desorden. El miedo, la culpa y el sacrificio son, desde su perspectiva, tres factores que nos alejan de la coherencia y pueden afectar progresivamente nuestro bienestar.“Un cuerpo no se enferma por un solo episodio, salvo que sea algo muy brusco. Se enferma de a poco y también se sana de a poco. Cuando uno cambia, no cambia de golpe: es un proceso que hay que respetar. La salud y la coherencia son procesos graduales, no instantáneos”, explica.“Cuando uno hace lo que siente, empieza a sanarse. Yo, como médico, lo he comprobado infinidad de veces. Hacer lo que uno siente puede empezar a guiarnos hacia una vida mejor, pero nada de ello se descubre a través del ego ni de los caprichos de la personalidad. Lo que uno siente tiene que ver con algo que nos da sentido, y que es sentido, de sentir. Por supuesto, eso que emerge cuando le damos lugar es coherente si no lastima a nada ni a nadie”, señala.Durante nuestra conversación, el doctor Basílico también se refirió al fulcro cardíaco, una estructura estudiada por el cirujano cardiovascular argentino Jorge Traini. Según explicó, este hallazgo abre nuevas perspectivas sobre la anatomía del corazón y su funcionamiento en nuestro organismo.En el episodio de Tejer la red, disponible en Spotify, Basílico propone algunas prácticas sencillas para comenzar a recuperar la coherencia.Recomienda buscar momentos de soledad para reencontrarnos con nosotros mismos, practicar la meditación y realizar ejercicios de respiración pausada y regular durante cinco minutos, varias veces al día. También destaca la importancia del autocuidado, de reconocer nuestras pasiones y de hacerles un lugar en la vida cotidiana.Leé también: “Quien se busca demasiado generalmente no se encuentra”, una conversación con Eduardo MangiarottiSon pequeños pasos que, según el especialista, pueden ayudarnos a construir una vida con mayor bienestar y sentido.“Entramos en un estado de coherencia cuando el miedo y la culpa disminuyen o desaparecen; cuando podemos actuar y colaborar con límites claros, sin sentir que nos estamos sacrificando ni que nos traicionamos a nosotros mismos. A medida que recuperamos la coherencia, volvemos a sentirnos más en paz y la vida nos sorprende con sincronías más frecuentes. Emerge una nueva fuerza, una mayor claridad, y podemos darle tiempo al proceso que nos guía para encontrar un nuevo sentido, una nueva dirección y una vida con más armonía”.Que así sea.
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