Clara G. una profesora universitaria experta en Kant está a punto de ser desalojada en Barcelona cuando visita lo que la inmobiliaria define como un “loft cardiosaludable” por el que piden 1200 euros al mes. La versión de la interesada es muy distinta: hay que subir cuatro pisos por escalera para entrar a un departamento oscuro caro y tan pequeño que te duchás en el inodoro.“El imperativo categórico” la obra de Victoria Szpunberg ha puesto al teatro a dialogar en candente presente con la crisis de vivienda que sufre el país: faltan 750 mil según el Banco de España.La pieza (una verdadera “avisadora del fuego” en el sentido en que Walter Benjamin usaba la expresión para lo que anticipa la catástrofe) acaba de reestrenarse en Madrid en el Teatro de la Abadía a sala llena mientras la Puerta del Sol hierve desde el 26 de septiembre con protestas y acampadas conducidas por el Sindicato de Inquilinas.La política va por detrás del problema social. Pedro Sánchez debió adelantar las elecciones generales para el 29 de noviembre: si gana ¿construirá en los próximos cuatro años las viviendas que no hizo en ocho? El teatro entretanto usa el humor y la ironía para ayudarnos a pensar la violencia y angustia que desatan estas situaciones.La urgencia de la protagonista no es sólo habitacional. Si Clara está a punto de quedarse sin casa y llega a consultar en su desesperación anuncios de alquiler de bauleras donde guarecer su desamparo (“¿Cabe un cuerpo acostado?”) tampoco el trabajo le sonríe: lucha contra la apatía del alumnado y no se siente reconocida institucionalmente; acaba de divorciarse y empieza a sufrir mareos que expresan su tembladeral interior.Los actores Sandra Monclús quien compone a una Clara en la cornisa y Xavi Sáez que actúa todos los papeles masculinos de la puesta con versatilidad sorprendente encarnan una trama que encuentra empatía en los espectadores: las risas en la platea suenan a válvula de escape de un mal compartido por muchos.La escenografía que Judit Colomer ha resuelto con paneles que se desplazan lateralmente recrea la cotidianidad entre lugares grises por los que Clara pasea su crispación cuchillo en mano.Sosiego de la ficción: cuando parece que nada podría ir peor la autora elige imaginar que la suerte puede dar un volantazo e invitarnos a seguir participando. Esa ilusión nos lleva en andas.


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