Desde muy chica, cuando vivía con su familia en San Justo, La Matanza, Bruma Strafacio fue testigo del ímpetu rescatista de su mamá que cada vez que volvía de trabajar y se cruzaba con algún animal abandonado en la calle, lo agarraba y lo llevaba a su casa. Llegaron a convivir con diez perros y diez gatos: “Mi vieja no los daba en adopción, los hacía parte de la familia, y yo veía que eso traía el problema de no poder seguir rescatando. Cuando me fui de mi casa, más o menos a los 18 años, no tenía espacio para tener ningún animal, pero a cada uno que me cruzaba le buscaba un hogar. Simplemente reteniéndolo unas horas, preguntando a vecinos si lo conocían o publicándolo en Facebook”. Bruma apenas se había ido a vivir sola y el espacio era chico; sin embargo, al tiempo pudo mudarse y empezó a hacer tránsitos (albergar durante un tiempo perros o gatos rescatados de una situación de calle para que puedan recuperarse, tomar confianza y luego encontrar una familia). Se trata de lo que ella llama un circuito: “No mirar para un costado cuando te cruzás con un perro o con un gato en la calle, sino ayudarlo con lo que puedas. Siempre se puede hacer algo”. Así, finalmente cayó en la cuenta de que la clave para sostener la ayuda era que hubiera rotación de rescatados: “Si no, en un momento no podés seguir ayudando”.Lee también: Qué significa que un gato rasguñe a su dueño, según expertos en comportamiento felinoPasaron los años; ayudó a refugios, a personas que se animaban a rescatar y no sabían qué hacer con el animal. Así, de a poco, fue construyendo una red de tránsitos. “Es imposible rescatar si no tenés un lugar a dónde llevarlos. Además veía que mucha gente quería ayudar, pero se encuentra con un perro o gato y se abatata creyendo que va a ser un problemón. Y nada que ver, cuando vos te encontrás con un animal en la calle y decís ‘yo no me puedo hacer cargo de esto’, te entiendo, pero a la vez es mucho más sencillo y quizás ayudás simplemente con hacer lo que puedas. Entrarlo a tu casa 24 horas, sacarle una foto y difundirla, pedirle ayuda a tus conocidos. Dice Bruma que hay que evaluar cada caso, pero que ella quiere demostrar que ayudar es posible y que no hay que quedarse en el miedo o en el “no puedo”. “Si te animás a ser tránsito por unos días no solo no vas a tener gastos del animal, sino que vas a ver cómo cambia completamente y va confiando en tan poquito tiempo”. También la idea de la red de tránsitos es ofrecer una retribución económica simbólica (“un agradecimiento más que un pago”, dice Bruma) que sirva para que la persona se quede tranquila de que no va a tener ningún gasto, ni de comida ni de veterinaria. Y lo que termina ocurriendo muchas veces, comenta la rescatista, es que las personas se quedan con ganas de que el animal se quede más tiempo en la casa: “Te dicen ‘ay ya se va, ya le consiguieron hogar, me encariñé’ y quizás pasaron cuatro o cinco días. Y esto ocurre porque, a veces, no es necesario que se quede tanto tiempo, por lo general son tránsitos cortos que sirven para sacar de la emergencia al animal”.“Yo pintaba como hobby, ni siquiera regalaba las obras porque me daba un poco de pudor, tampoco firmaba con mi nombre. En un momento estuve con muchos gastos veterinarios por un perro que tenía internado y mi pareja me sugirió que vendiera los cuadros. Así que así arranqué una primera subasta”, explica Bruma, hoy de 36 años. La venta de los cuadros —figurativos, abstractos, algunos de más de un metro y medio de altura— la ayudó a costear los gastos de ese perro puntual y la incentivó para consolidar la red de tránsitos, además de empezar a impulsar campañas de castración y seguir colaborando con distintas agrupaciones de proteccionistas. Sin embargo, dice, los hogares de tránsito no son suficientes y los rescatistas viven desbordados intentando dar solución a la problemática de la superpoblación de animales domésticos. Según la ONG animalista Proyecto 4 Patas, Argentina se enfrenta a una sobrepoblación alarmante de animales de compañía, con más perros y gatos que hogares disponibles para adoptarlos. Esta situación tiene consecuencias dramáticas: animales abandonados en las calles, experimentando hambre, enfermedades, accidentes y siendo víctimas de actos de crueldad en todo el país. En 2018 un informe de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) determinó que hay alrededor de seis millones de perros en situación de calle en el Conurbano bonaerense, un dato que fue reafirmado por el Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires y que, ocho años después, se cree que se multiplicó. ¿Cuál es la solución? Que el Estado —tanto en los niveles municipales, provinciales y nacional— lleve adelante campañas de castración masivas, gratuitas y constantes en el tiempo para frenar la reproducción y, por otro lado, evitar la compraventa. Al respecto, Bruma reflexiona: “Los cambios culturales llevan tiempo. Hoy en día la gente no se plantea si fumar en un avión está mal. Entendiendo que vamos por ese camino, porque lo vemos: hay muchas personas castrando y adoptando. Pero todavía se sigue con la mentalidad de ‘quiero que mi perra tenga hijitos’ o ‘no lo quiero castrar porque me da pena’. Yo creo que algún día vamos a llegar al punto de ni cuestionarnos que castrar y adoptar le hace bien al animal y a la sociedad. Además, cuando vos amás a un perro buscás el que necesita familia, el que justo podés ayudar, el que te enterneció por la historia que tiene. Eso de comprarlo como si fuera un mueble más de tu casa, que encima implica perjudicar a otros perros, porque quien te lo vendió los metió en un sistema de producción para la venta, no importa si en excelentes condiciones o no, y el animal así se transformó en un producto”.Respecto al reciente proyecto de ley de regulación de criaderos presentado por la diputada nacional Karen Reichardt, que pretende crear un padrón para registrar tanto a los criaderos comerciales como a los refugios, los pensionados y hogares de tránsito, Bruma expresa: “Creo que pretende solucionar una problemática legitimando una parte de la misma. Esta ley le daría un marco legal a la producción de perros y el problema que tenemos hoy es exactamente lo contrario: más perros de los que podemos asistir. Ya sabemos que los refugios están desbordados, entonces, ¿cómo puede ser parte de la solución habilitar a que sigan produciendo más perros bajo determinadas condiciones? Es como tener una casa inundada y en vez de cerrar la canilla, ponernos a discutir cuánta agua está permitida que salga del grifo. Hay que cerrar la canilla y también evitar la multiplicación doméstica. Hoy en día las plataformas que utilizamos ofrecen perros en venta". Lee también: El Gobierno anunció cambios para reforzar el control sanitario de los animalesBruma señala que frente a la realidadde la sobrepoblación, el problema se agravaría: “Además que todos los perros de los criaderos que quedan por fuera del sistema, no hay lugar para ellos, ya no hay lugar. ¿Cómo es que se va a poder solucionar el problema de la sobrepoblación de perros habilitando a que se puedan producir más pero determinadas personas? En realidad es simplemente habilitar un negocio lo que están haciendo, no están solucionando absolutamente nada de la problemática, están empeorando la problemática pero habilitando un negocio millonario. No podemos rescatar por un lado y seguir produciendo por otro, es incompatible”.
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