En el fragor de denuncias de violencia familiar y abuso sexual podemos entramparnos en un enfrentamiento “a todo o nada” entre hombres y mujeres. Los niños involucrados no pueden salir por sí solos de estos campos de batalla.El niño no es un proyectil instrumento de negociación ni bandera de bandos pero termina siendo algo o mucho de esto. Es sujeto de derecho con historia una palabra propia y un futuro que aún en batalla podemos y debemos salvaguardar. No siempre lo logramos. Nadie dice que es fácil o sencillo y que el mero voluntarismo alcanza.Investiguemos las denuncias pero consideremos en litigios civiles y penales qué involucramiento hacemos de los niños. Y empecemos a pensar cómo salvaguardar a los menores haciendo nuestro mejor esfuerzo.Preservar el vínculo con los niños a cualquier precio puede ser perjudicial pero también puede ser perjudicial destruirlo a las apuradas y sin fundamento suficiente o por inseguridad de magistrados y pobre voluntad de progenitores abogados y peritos.No caigamos en la trampa de elegir dicotómicamente entre mujeres y hombres busquemos impedir que los niños paguen el precio de guerras judiciales entre adultos.La pregunta central debe ser: ¿Qué sabemos de este niño qué necesita para estar protegido y qué consecuencias tendrá sobre su vida cada decisión que tomemos?Necesitamos reconstruir no solamente qué ocurrió entre esos adultos en disputa sino también qué le sucedió al niño antes durante y después de la judicialización del conflicto. Porque el niño no debe ser objeto bélico de la escena: debe volver a ocupar el lugar de sujeto.Para organizar el escenario y aportar claridad es necesario saber que las contiendas entre adultos pueden entablarse básicamente en dos escenarios el civil y el penal. En los juicios civiles y de familia ante un juez se debaten cuotas alimentarias y vínculo con los hijos.Pero si hay denuncias de violencia de género o abuso sexual contra adultos o menores la contienda se hace en juicios penales. Y hay casos algunos muy famosos donde la disputa entre padres puede hacerse durante años en sede civil de familia y luego también durante años en el ámbito penal.Como perito psiquiatra o psicoanalista forense a veces me toca intervenir junto a abogados en un juicio de familia civil o en uno penal. Y no es infrecuente que empecemos por un escenario y luego pasemos al otro cuando se empieza discutiendo días y horas de visita y luego todo se desmadra por una denuncia de abuso sexual contra el menor o de abuso sexual o violencia de un progenitor contra otro.En ambos escenarios el hijo entra en la telaraña de grandes debates y disputas que lo vapulean durante años.Supongamos como ejemplo que el hijo lleva tres o cuatro años de vaivenes en un juicio civil y a partir del juicio penal pasa de vaivenes a exclusión absoluta de vínculo con el padre por otro tanto. Pero no hay final feliz aunque luego de cuatro años el padre sea absuelto y se pruebe su inocencia porque terminado el juicio penal puede volverse a enmarañar el juicio de familia y volvemos a sumar años.Corro el riesgo de asustarlos pero temo que si el lector está leyendo esto con lápiz y papel llegue fácil a diez o más años de contienda. No les resultará difícil de entender que un niño empieza dentro de una contienda mientras va al jardín de infantes o la escuela primaria y siga dentro del campo de batalla mientras estudia el colegio secundario.

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