El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, pidió al presidente de Líbano, Joseph Aoun, que no devuelva al grupo terrorista Hezbollah los 500 kilos de explosivos que las autoridades libanesas incautaron la semana pasada. Lo relató un alto funcionario de la administración de Donald Trump, que habló con periodistas bajo condición de anonimato. Según ese funcionario, Rubio instó a Aoun a exigir responsabilidades a quienes ordenaron, financiaron y dirigieron el envío. Subrayó además que la restitución del material al grupo islamista, respaldado por Irán, debía quedar totalmente descartada. El mismo jueves, Hezbollah admitió de forma poco habitual que el cargamento era suyo. El legislador Hassan Fadlallah afirmó que “el vehículo y su carga pertenecen a la resistencia” contra Israel, pidió la liberación de los detenidos y exigió que se devuelva el material. Sostuvo que estaba destinado exclusivamente a combatir a las fuerzas israelíes y rechazó que pudiera usarse en atentados dentro de Líbano. El vehículo viajaba desde el valle de la Bekaa, en el este del país, hacia el área de Beirut cuando fue detenido en un puesto de control de Dahr al-Baidar. Una fuente judicial indicó que transportaba 250 kilos de TNT y 250 de C-4, y que los dos arrestados son miembros de Hezbollah, uno de ellos hijo de un dirigente del grupo. Una fuente de la milicia y otra de seguridad libanesa dijeron a Reuters que los explosivos iban a emplearse en drones contra tropas israelíes. No es el único decomiso reciente. Desde comienzos de octubre, el ejército libanés interceptó otros dos envíos de explosivos en el este del país, cerca de la frontera con Siria. El episodio se produce en un momento de máxima presión sobre el grupo terrorista. Hezbollah comenzó a atacar a Israel el 2 de marzo de 2025, en apoyo del régimen iraní, e Israel lanzó una ofensiva terrestre que dejó parte del sur de Líbano bajo ocupación. El 14 de abril, con mediación estadounidense, Beirut e Israel abrieron negociaciones directas, las primeras en décadas. El 26 de junio, ambos gobiernos firmaron en Washington un acuerdo marco que prevé la retirada gradual del ejército israelí y el despliegue del libanés, empezando por dos zonas piloto. El pacto está supeditado al desarme de Hezbollah, que rechazó tanto el texto como las negociaciones. Un alto funcionario israelí afirmó tras la firma que Israel mantendrá su zona de seguridad en el sur hasta que el grupo esté desarmado. El desarme tiene un antecedente interno. En septiembre de 2025, el gobierno libanés dio la bienvenida a un plan del ejército, presentado por su comandante, Rodolphe Haykal, sin fijar plazos y con la salida de la sala de los cinco ministros chiíes. Durante 2025 las tropas destruyeron depósitos de armas del grupo en el sur, pero la hoja de ruta quedó en pausa cuando estalló la nueva guerra. Hezbollah no reivindica ataques contra Israel desde el alto el fuego de junio. Rubio abordó además la ley libanesa de 1955 que prohíbe las relaciones directas con Israel y que, a su juicio, obstaculiza el camino hacia la paz. Según el funcionario, la calificó de impracticable e instó a establecer comunicación militar directa entre las fuerzas libanesas e israelíes para evitar choques. La norma, promulgada el 23 de junio de 1955 en el marco del boicot árabe a Israel, prohíbe a personas y empresas pactar o comerciar con entidades residentes en el país vecino. Su incumplimiento se castiga con entre 3 y 10 años de trabajos forzados. Washington e Israel presionan desde abril para que Beirut la derogue, y un funcionario del Departamento de Estado ha dicho que sería una medida de confianza. Fuentes libanesas sostienen que no es una prioridad, y un diputado propuso endurecer las penas. Israel condiciona a ese desarme su retirada del sur, de modo que la decisión de Beirut sobre los explosivos incide directamente en el calendario del acuerdo de junio.

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